El ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, conversa con Capital. Conocido por haber erradicado el delito en Nueva York aplicando la tolerancia cero, el abogado y hoy consultor está preocupado por lo que está ocurriendo en Chile: “Sucede un fenómeno curioso: tienen bajas tasas de asesinatos y delitos violentos, sin embargo, los ciudadanos se sienten inseguros”. Y alerta: “Tienen un consumo desproporcionado de cocaína”.
Por: Carla Sánchez M.
-Hola, soy Rudy. ¿Cómo está usted en Chile?
Al otro lado del teléfono y con el clásico acento de gringo que intenta hablar español está Rudolph Giuliani (71 años), el ex alcalde de Nueva York, famoso por haber combatido el delito en la década de los 90 y llevar las tasas de asesinatos y robos a su nivel mínimo. Pensar en tolerancia cero, irremediablemente es pensar en Giuliani.
-¿Siente que salvó a Nueva York del crimen y la delincuencia?
-Sí, yo salvé a la ciudad.
Giuliani no tiene dudas al respecto. “Si vienes a Nueva York y le preguntas a cualquier persona que vivió aquí antes y después de que yo fuera alcalde, te dirán que yo transformé a la ciudad”, comenta con total seguridad.
Hace 25 años, caminar de noche por las calles de Nueva York, cuenta, era peligroso. El vandalismo, consumo de crack y la corrupción de la policía se convirtieron en un cóctel fatal. Tanto que una portada de la revista Time del año 1990 la apodó “La gran manzana podrida”.
Si en 1993 hubo 1.946 asesinatos, el 2001, año en que Giuliani dejó la alcaldía (estuvo durante dos períodos consecutivos, de 1993 a 2001), la cifra bajó a 673, un 65,3% menos. ¿Cómo lo logró? La clave, según cuenta a revista Capital, estuvo en perseguir y prevenir delitos menores, como pintar grafittis o colarse en el metro, multiplicar la presencia de policías en las calles y restablecer el vínculo con la comunidad.
Su modelo se inspira en la teoría de las “ventanas rotas” de James Q. Wilson. El profesor de la Universidad de Harvard planteó que si no reparas la ventana rota de un edificio, los vándalos tenderán a romper unas cuantas más. En pocas palabras, que al prevenir los crímenes menores naturalmente disminuirán los más graves, como asesinatos o tiroteos.
Nieto de inmigrantes italianos, “Rudy” creció en Brooklyn y estudió Derecho en la Universidad de Nueva York. Su padre, Harold Giuliani, estuvo preso por robo y esa experiencia lo inspiró en su lucha contra el crimen.
Desde el principio prefirió el rol de acusador que el de defensor. A los 29 años fue nombrado jefe de la unidad de narcóticos y a los 37 años ya estaba sentado en el sillón principal de la Fiscalía General de Estados Unidos. Dos años después, se ganó todos los aplausos por combatir la corrupción como fiscal del distrito de Nueva York, pero perdió en su primer intento de llegar a la alcaldía de la ciudad, en 1989.
El manejo de la crisis tras el atentado de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, potenciaron su carrera política –la revista Time lo nombró personaje del año– a tal punto que el 2007 oficializó su candidatura a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, pero finalmente ofreció su apoyo al senador John McCain, el favorito en ese entonces.
Giuliani, hoy millonario, sigue vinculado a la seguridad, pero desde otro lugar: el sector privado. Tiene su oficina de consultorías, Giuliani Partners, en plena avenida de las Americas, donde atiende requerimientos de todas partes del mundo y, por supuesto de Latinoamérica. Actualmente asesora a los gobiernos de Puerto Rico, Colombia y El Salvador y a la ex primera dama de Perú y futura candidata presidencial, Keiko Fujimori. Antes prestó sus servicios a un grupo de empresarios mexicanos, entre ellos Carlos Slim.
El tema de la seguridad es un tema que está en el común denominador de las preocupaciones que cruzan a norte y latinoamericanos. Sin ir más lejos, el mes pasado, su país alertó oficialmente a sus ciudadanos de que tuvieran cuidado con los robos en Chile. Mensaje que no cayó nada de bien por estos lados y que llevó al ministro del Interior, Jorge Burgos, a ironizar: “Recomendaría a los chilenos que tengan cuidado con los campus universitarios donde suele haber personas que disparan”. John Huvane, director ejecutivo de Giuliani Partners, prefiere no entrar en la polémica: “Ambas situaciones son tristes. Nos preocupa la seguridad tanto de los americanos como de los chilenos”, dice.
“Mientras más segura es tu ciudad, más negocios consigues”
Giuliani confiesa que nunca ha estado en el país, aunque rápidamente sugiere que “podrían invitarme”. Lo más cerca que Giuliani ha estado de Chile fue el 2010, año en que el entonces ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter, viajó a Nueva York a reunirse con él. La mano derecha de Sebastián Piñera estuvo más de una hora con el ex alcalde conversando sobre seguridad pública y la experiencia neoyorkina.
-¿Usted asesoró al gobierno de Sebastián Piñera en el combate a la delincuencia?
-No. Sólo tuvimos una larga conversación con su ministro del Interior. Hablo al menos tres veces al día con alguna autoridad, por lo que es difícil recordar los detalles de la conversación. Pero sí le he echado un buen vistazo a las tasas de criminalidad en Chile.
"Los ciudadanos deben apoyar el trabajo de la policía, actuar como ojos y oídos de los uniformados. Otra cosa que tienen que hacer en Chile es resolver el tráfico de drogas, que es un asunto crítico”.
-¿Qué piensa del gobierno de Michelle Bachelet?
-Hay un montón de cosas positivas ocurriendo en Chile. Yo pondría hincapié en modernizar la policía, los fiscales, los tribunales y las cárceles, eso sin duda ayudaría a mejorar el desempeño económico. Mientras más segura es tu ciudad, más honesta sea la justicia y más confianza haya en las cortes, más negocios consigues. Los inversionistas quieren estar en lugares en los que se sienten seguros, en lugares donde no son víctimas del crimen y donde existen tribunales en los que puedan confiar si algo sale mal y tienen que demandar a alguien o son demandados. Si analizas ejemplos de ciudades que se han convertido en grandes centros de negocios, todas tienen no sólo buenos cuerpos de policías, sino que buenas cortes. Lo que tratamos de hacer en Colombia y México es trabajar con los fiscales.
-En el último tiempo, las estadísticas muestran que ha aumentado la sensación de inseguridad en la ciudadanía chilena. ¿Qué es lo que más le preocupa de lo que ocurre aquí?
-En Chile sucede un fenómeno curioso: los ciudadanos se sienten inseguros pese a que las tasas de delitos violentos y asesinatos son bajas, comparadas con los otros países de la región. Eso es bueno y malo. Por un lado, tienen bajas tasas de crímenes graves, pero por otro lado tienen muchos carteristas, estafas telefónicas, robos de autos y asaltos residenciales. Y la violencia en los asaltos domésticos ha aumentado. Eso produce mucha inseguridad en la ciudadanía.
-¿Cuál es el origen de esa inseguridad?
-Probablemente se genera por lo que ven en sus vecindarios. Los crímenes menores están influyendo en su actitud. Pese a que en el resto de los países de Latinoamérica hay muchos más asesinatos, tiroteos y secuestros infantiles, esa sensación los está afectando enormemente. Si te roban el auto o ingresan a tu casa, aunque no te golpeen o maten, igual te sientes violentado.
-Si estuviera a cargo de la ciudad en Chile, ¿qué haría usted al respecto?
-En su país, sólo 7 de cada 10 habitantes se siente seguro en sus comunas. Y a eso precisamente apunta la teoría de las “ventanas rotas”: tienes que investigar los barrios y resolver por qué los vecinos se sienten inseguros y qué soluciones esperan para poder sentirse más confiados. Si yo estuviera a cargo, lo primero que haría es hacer una encuesta en las comunas para entender por qué sólo 7 de cada 10 personas se sienten seguras, ¿qué está pasando con las otras 3? Desde ahí, trabajaría en las causas de esa sensación. Lo otro que deben resolver es que tienen la tasa más alta de violencia doméstica en Latinoamérica. Según cifras del año 2011 –que hoy pueden haber variado un poco– hubo 760 incidentes por 100 mil habitantes. Además, poseen tasas muy altas de violación, 16 casos por cada 100 mil habitantes. Cifras mucho mayores que sus vecinos. Tengo que comentarte que lo más difícil es reducir los crímenes que ocurren puertas adentro. Es mucho más fácil trabajar con aquéllos que suceden en la calle.
Uno de mis principales desafíos en Nueva York fue resolver la violencia doméstica y me enfoqué en ello desde el principio. Para ello, desarrollé una agencia especial y trabajé con Joe Torre, ex manager de los Yankees, quien creó la fundación “Safe at home” (seguros en casa), cuya misión era educar y prevenir la violencia doméstica. Alentábamos por televisión a las mujeres a que denunciaran y les decíamos que nosotros nos haríamos cargo.
-¿Cuál es el rol que deben jugar las comunidades en la lucha contra la delincuencia?
-Dado el hecho de que existe esa sensación de inseguridad, tiene que haber un mayor involucramiento de las comunidades en luchar contra el crimen. Los ciudadanos deben apoyar el trabajo de la policía, actuar como ojos y oídos de los uniformados. Otra cosa que tienen que hacer en Chile es resolver el tráfico de drogas, que es un asunto crítico.
-¿Está a favor de la legalización de las drogas para combatir el narcotráfico?
-Estoy en contra de la legalización de la cocaína; es una droga muy peligrosa y esa sustancia es con la que más tienen problemas en Chile. En un reporte de 2011, Chile tenía el 10% del consumo de cocaína de Latinoamérica. Ésa es una cifra muy alta que hay que bajar. Su país está haciendo un montón de cosas buenas, no creo que quieran que estos problemas los arrastren hacia abajo.
-¿Qué piensa de la legalización de la marihuana?
-La marihuana no me quita el sueño, pero personalmente creo que no deberían legalizarla. No sabemos a ciencia cierta los reales efectos de su consumo a largo plazo ni tampoco cómo afecta si conduces bajo sus efectos. Para la gente joven, la marihuana es una manera simple de empezar a desarrollar una adicción en una edad temprana. Es la puerta de entrada a otras drogas, como la cocaína, cuyo consumo en Chile sí me preocupa, considerando sus récords de consumo desproporcionado.
“No tolero la corrupción”
-En Chile se habla mucho de que uno de los problemas es la puerta giratoria, que los delincuentes entran y salen de las cárceles muy fácilmente. ¿Se debe aplicar un plan de tolerancia cero a ese nivel?
-El término “tolerancia cero” lo uso para referirme a la corrupción. No tolero ningún tipo de corrupción y eso es lo primero que les digo a los presidentes, gobernadores o alcaldes con los que trabajo. Si quieres reducir el crimen, tienes que empezar por ti y no permitir la corrupción: un departamento de policía corrupto no puede reducir el crimen. Por eso, lo primero que hay que hacer es asegurarnos de que la policía es honesta, lo que puede implicar subir sueldos y darles más incentivos, eso hicimos en México con Marcelo Erbrard, ex jefe de gobierno del distrito federal (del 2006 al 2012).
“La marihuana es la puerta de entrada a otras drogas, como la cocaína, cuyo consumo en Chile sí me preocupa, considerando sus récords de consumo desproporcionado”.
-Y si la policía es honesta, ¿qué hay que hacer con las cárceles?
-El combate a la delincuencia tiene que ser acompañado de un buen sistema penitenciario. El enfoque de la delincuencia y el crimen debe ser integral. No se trata sólo de la policía. Hay que mejorar el trabajo de la fiscalía, las cortes y modernizar las cárceles.
-¿Su trabajo en Nueva York incluyó la reinserción de delincuentes?
-Dependía del crimen. Nosotros fuimos bien innovadores, por ejemplo teníamos muchos grafitteros, que pintaban autos y edificios. A ellos no los mandábamos a prisión, pero los sentenciábamos por 10 días a limpiar vidrios y edificios, y trabajamos con centros de rehabilitación para que cuando salieran y quisieran trabajar, pudieran hacerlo. Las estadísticas comunes establecen que la mitad de la gente que sale de prisión volverá a entrar. Lo positivo es que puedes corregir a una mitad, pero tienes que tener claro que mucha gente que está presa es profesional del crimen y asumir que van a entrar y salir de la cárcel toda su vida.
Giuliani, el rudo
-¿Por qué decidió retirarse de la política y aventurarse en el mundo de los negocios?
-Dejé la política el año 2002 y desde ese momento he estado involucrado en el negocio de la seguridad. En el 2007 estuve un año y medio dedicado a mi campaña presidencial y luego volví al rubro. En total, llevo 13 años como consultor en seguridad.
-¿A quién asesora actualmente?
-Estamos trabajando con los gobiernos de Colombia, Puerto Rico, El Salvador. Anteriormente trabajamos con México, Argentina, Perú, Qatar y Ucrania. Además, asesoramos a compañías que trabajan en áreas sensibles, como plantas químicas o nucleares y también nos dedicamos a la ciberseguridad.
-¿Qué es lo que más echa de menos de ser alcalde de Nueva York?
-Extraño el trabajo con la policía y los bomberos, pero sigo en contacto con ellos en mi rol de consultor.
-Su ex colega, William Bratton, más conocido como el “super cop”, está de vuelta en las pistas como jefe de la policía de Nueva York. Debe sentir nostalgia…
-Bill está haciendo un muy buen trabajo y es una contratación excelente para la ciudad. Juntos aplicamos el programa Compstat (Computer and statistics) con mucho éxito.
“El enfoque de la delincuencia y el crimen debe ser integral. No se trata sólo de la policía. Hay que mejorar el trabajo de la fiscalía, las cortes y modernizar las cárceles”.
-¿Cuál fue la fórmula del éxito en la lucha contra la delincuencia y el crimen?
-La clave estuvo en dos cosas: la aplicación del programa Compstat, que mide el crimen y te ayuda a decidir cómo asignar los recursos disponibles y cómo distribuir a la policía. Es muy útil para determinar qué es lo que está faltando, pero a la vez permite pedir una rendición de cuentas a la policía. Y en segundo lugar, los esfuerzos anticorrupción contribuyeron mucho. Aplicamos tolerancia cero a la corrupción y la teoría de las “ventanas rotas”, que implica no sólo prestar atención a los grandes crímenes, sino también a los pequeños que realmente interfieren con la calidad de vida de las personas.
-Varios estudios, sin embargo, cuestionan la eficacia de las “ventanas rotas”. Algunos investigadores sugieren que enfocarse en los delitos menores abre la puerta a los más graves o que ha generado prácticas discriminatorias contra los afroamericanos o los más pobres. ¿Qué les responde?
-¡Que no tienen idea de lo que están hablando y que jamás en toda su vida han reducido el crimen! Los críticos nunca han tenido esa responsabilidad. En mi período como alcalde, yo apliqué la teoría de las “ventanas rotas”; mi sucesor, Michael Bloomberg, también lo hizo y juntos redujimos el crimen en la ciudad de Nueva York en un 85%. Te reto a que encuentres a alguien que haya logrado algo similar.
-Pero algunos plantean –y las cifras lo confirman– que los crímenes comenzaron a disminuir antes de que usted fuera alcalde…
-Sí, es cierto, pero sólo en un 2 o 3%. Cuando yo asumí, la tasa bajó un 60% y con Bloomberg (que gobernó entre 2002 y 2013) otro 20%. Pese a que el crimen venía en descenso, cuando asumí, el 2001, aún había 1.900 asesinatos. Cuando dejé la alcaldía esa cifra bajó a cerca de 600, y cuando Bloomberg terminó su período, fue menos de 400.
-¿Cómo convenció a quienes no creían en sus ideas?
-Lo hice mostrándoles los resultados.
-En algunos estados de Norteamérica, las tasas de criminalidad bajaron sin necesidad de usar ese plan. ¿Enfocarse en bajar los índices no cree que puede crear incentivos perversos?
-No hay ninguna ciudad en Estados Unidos que haya reducido el crimen en los últimos veinte años como lo hizo Nueva York. ¡Ni siquiera una que haya estado cerca! Chicago tiene 2,5 veces más crímenes de los que tenemos acá y 3 millones de habitantes, mientras nosotros tenemos arriba de 8. Eso sin contar la población flotante de 3 millones. Solíamos ser la capital del crimen y ahora somos la ciudad más segura. No estoy hablando sólo por mí, sino que hablo de mi gestión y la de Michael Bloomberg.
-¿Fue clave contratar más policías –usted tenía 38 mil en las calles de Nueva York– para patrullar los vecindarios?
-Aumentar la dotación policial es importante, pero cómo trabajes con ellos lo es mucho más. No sirve de nada contratarlos porque sí. Tienes que entrenarlos correctamente y utilizar un sistema como el Compstat para saber si están haciendo lo correcto, o si los tienes distribuidos en el lugar adecuado. Si tienes muchos uniformados en los lugares donde no se cometen crímenes, no vas a conseguir nada. Una de las ventajas del Compstat es que puedes saber dónde se cometieron los delitos, así puedes desplegar a la policía en esos lugares y prevenir nuevos incidentes. En vez de trabajar sobre la base de adivinanzas, lo haces sobre la base de una ciencia. Y a la vez, te acercas mucho a la información en tiempo real con los computadores. Por ejemplo, si en la tarde me entero de un atraco, en la noche puedo tener a la policía allá. En el pasado, nos podríamos haber tardado tres semanas en resolverlo. •••
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Los errores del 11 de septiembre, las críticas a Obama y su apoyo a Donald Trump
-¿Ignorar la amenaza islamista tras los ataques a las Torres Gemelas fue un error?
-Sí, cometimos un error en ese momento al no responder al terrorismo islámico como debimos hacerlo y lo estamos volviendo a hacer ahora cuando el presidente Obama subvalora a ISIS (Estado Islámico) al compararlo con un equipo aficionado de baloncesto. En los últimos años, nos convencimos de que la amenaza islamista no era tan grande y ahora nos damos cuenta de que sí lo es; en las últimas semanas hemos arrestado a 25 personas y ¡hay planes de bombardear varios lugares en el nombre del islam!
-Y hablando de la política norteamericana, ¿por qué defiende al candidato Donald Trump? ¿No cree que sus comentarios migratorios fueron despectivos hacia los inmigrantes?
-Creo que se expresó mal, pero está en lo correcto al decir que tenemos un problema con la migración ilegal. Su error fue decir que mucha de la gente que ingresa de manera ilegal es mala, porque la mayoría son buenas personas. El problema es que cuesta diferenciar a los buenos de los malos, por eso hay que frenar la inmigración ilegal en la frontera. Cada país debiera tener el derecho de saber quién ingresa a su territorio. Lo que me gustaría ver es que puedas ingresar a Estados Unidos fácilmente, de manera legal si quieres trabajar.
-En un principio usted era demócrata. Luego fue independiente y posteriormente republicano. ¿Va a trabajar en la campaña de Trump?
-Voy a hacerlo con él, con John McCain, con Obama… Estoy a favor de un programa de inmigración –lo he hecho por 20 años–, no soy de los que temen a la amnistía, de hecho trabajé en ello con Ronald Reagan. Controlemos las fronteras, así nos quedamos con la gente buena, los encaminamos para que consigan la ciudadanía y nos deshacemos de los malos.
-¿Está pensando en volver a la política?
-No por ahora…
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¿Fiscales deben meterse en política?
En los 80 y cuando era fiscal, Giuliani persiguió duramente a la mafia italiana. En ese entonces, acusó a once figuras de la mafia, incluyendo los jefes de las “Cinco familias” de Nueva York. Para ello, aplicó el acta RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations), la Ley contra Chantaje Civil, Influencia y Organizaciones Corruptas. Una herramienta que fue aplicada originalmente al crimen organizado, pero que hoy se está usando para investigar la corrupción en la FIFA.
-¿Su creatividad en el uso de la Ley RICO contra la mafia impulsó su carrera política?
-Sí, por supuesto que lo hizo. Existía hace 20 años, pero nadie la había usado para el resultado correcto y fue lo mejor que se hizo contra la mafia porque además de encarcelarlos, les quitamos el dinero.
-¿Cuando era fiscal estaba pensando en hacer carrera política?
-No, ello ocurrió al final de mi cargo.
-Es un riesgo tener fiscales pensando en sus carreras políticas como en su caso?
-No, la política es maravillosa si estás sirviendo a tu gente y haciendo un buen trabajo. Los cambios que logré en Nueva York me ponen muy contento.
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