Por CARLOS MALAMUD
(Infolatam).- La primera impresión que salta a la vista tras las dos elecciones presidenciales celebradas simultáneamente en América Central, en El Salvador y Costa Rica, es que en ambos casos habrá que recurrir a la segunda vuelta para conocer la identidad de los próximos mandatarios. La otra gran semejanza entre las dos elecciones es que ninguno de los presidentes en ejercicio, Mauricio Funes y Laura Chinchilla, podía presentarse a la reelección, ya que ésta sólo está contemplada en períodos alternos. También vale la pena mencionar que en ambos países, y por primera vez en su historia electoral, los residentes en el extranjero pudieron votar.
Sin embargo, aquí se acaban las semejanzas entre dos procesos y dos sistemas políticos muy diferentes. Estas diferencias se concretaron en los resultados, ya que mientras en El Salvador puede terminar ganando el candidato del oficialista FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), Salvador Sánchez Cerén;en Costa Rica quien tiene la mayor parte de las papeletas para imponerse en la segunda vuelta es Luis Guillermo Solís Rivera, del PAC (Partido de Acción Ciudadana), un partido de centro izquierda fundado por disidentes del PLN (Partido de Liberación Nacional). Es decir, continuidad probable en un caso frente a alternancia posible en el otro.
Otra diferencia importante la encontramos en las cifras de participación. En El Salvador sólo el 53% del electorado acudió a votar, mientras que en Costa Rica la participación prácticamente alcanzó el 70%.Este último guarismo es una de las explicaciones del fallo de todas las encuestas realizadas en Costa Rica, que fueron incapaces de detectar claramente la subida imparable de Luis G. Solís en la intención de voto en las dos semanas previas a la elección. Pese a la menor polarización existente en Costa Rica, la incertidumbre frente al resultado final terminó estimulando la participación de una población que inicialmente se presentaba más apática, y que terminó siendo similar a la de 2010.
Pese a las acusaciones de estalinista que debió soportar, el ex comandante de la guerrilla Sánchez Cerén se benefició de la buena gestión del gobierno del presidente Funes
En El Salvador, Sánchez Cerén, que contó con el apoyo del presidente Funes, se impuso con el 48,96% de los votos a Norman Quijano, candidato de la derechista ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), con 38,96%, según datos preliminares divulgados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Una vez acabada la elección y de acuerdo con las encuestas a pie de urna, al comienzo de la noche del domingo quedaba la duda de si el Frente se impondría en la primera vuelta o no, algo que finalmente no se produjo.
Se da la circunstancia de que la derecha acudió dividida a la votación, debido a la acción del ex presidente Elías Antonio Saca, que en su momento fracturó el bloque parlamentario de ARENA, en la oposición, una acción que le valió acusaciones en de colusión con el FMLN. En esta oportunidad Saca se presentó como candidato del Movimiento Unidad, obteniendo el 11,41% de la votación, lo que impidió la victoria de ARENA. Al igual que en Nicaragua, la derecha dividida es derrotada electoralmente por un ex movimiento guerrillero reconvertido en partido político.
Pese a las acusaciones de estalinista que debió soportar, el ex comandante de la guerrilla Sánchez Cerén, que también ha sido vicepresidente de la República, se benefició de la buena gestión del gobierno del presidenteFunes, del que formaba parte. La incógnita frente a la segunda vuelta es cómo votarán los seguidores de Saca. Pese a las afirmaciones de Sánchez Cerén de que el próximo 9 de marzo la diferencia no va a ser de 10 puntos, sino de más de 10 puntos, todo indica que el resultado final va a ser bastante más ajustado que en la primera vuelta. La baja participación del domingo enfrenta a ambos candidatos a su capacidad de movilización y de atracción de indecisos.
En Costa Rica el panorama era más complicado, ya que a priori la contienda electoral se planteaba entre el candidato oficialista, Johny Araya, del PLN y el izquierdista, acusado de chavista, José María Villalta, del Frente Amplio, que llegó a liderar las encuestas, pese a generar un fuerte rechazo en buena parte del electorado. Inclusive había un cuarto en discordia, Otto Guevara, del derechista Movimiento Libertario, que volvió a fracasar en su cuarto intento electoral. Finalmente Solís obtuvo el 31% de los votos frente al 30% de Araya. Sin embargo, cualquiera sea el resultado de la segunda vuelta, a celebrarse el 6 de abril, el nuevo presidente deberá gobernar con un parlamento extremadamente fragmentado.
La presidencia está hoy al alcance de la mano de Solís, algo que hasta la noche del sábado era solo un sueño.
Las opciones futuras de Solís son muy superiores a las deAraya, a quien le hubiera convenido enfrentarse a Villaltaen la segunda vuelta. Para comenzar es probable que buena parte de los votantes de este último respalden aSolís, al igual que numerosos electores de las opciones de derecha, descontentos con lo que estiman ha sido un gobierno desastroso en manos de Chinchilla. Para colmo, el último mandato de Óscar Arias tampoco ha dejado un buen recuerdo a los costarricenses. De todos modos no hay que olvidar que el PAC debe enfrentarse al mucho más fuerte y organizado aparato del PLN, algo que quedó claramente demostrado en las elecciones parlamentarias. Sin embargo, la presidencia está hoy al alcance de la mano de Solís, algo que hasta la noche del sábado era solo un sueño.
Para concluir, y volviendo a la historia de dos países, la campaña para la segunda vuelta ya ha echado a andar. Ahora bien, ni en Costa Rica ni en El Salvador hay nada escrito y, como se suele decir, la segunda vuelta es una nueva elección. El resultado decisivo va a depender de los candidatos, de sus maquinarias electorales y de la capacidad de movilizar a leales, contrarios, indecisos y abstencionistas. Todo suma, pero hasta el día de los comicios nadie puede cantar victoria.
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