El amor cristiano, la necesidad humana de esperanza, y un repaso al
desarrollo, con una profunda mirada crítica, son los grandes temas que
el papa Benedicto XVI plasmó en las tres encíclicas que escribió durante
el pontificado que tendrá fin, por propia voluntad, el próximo 28 de
febrero. Diario Financiero hizo una revisión de los artículos publicados
por Humanitas desde el año 2006 acerca de estos textos, y destacó
algunos de los pensamientos que el Sumo Pontífice escribió en ellos.
“Deus Caritas Est”: la primera
Para la primera encíclica, el Arzobispo de Concepción en 2006, Antonio
Moreno Casamitjana, reflexiona en el editorial de Humanitas nº 42, que
”Benedicto XVI ha comenzado su pontificado enviando a la Iglesia una
encíclica que va al centro mismo de nuestra condición de cristianos:
hemos descubierto el amor que nos hace hijos suyos, y el sentido de
nuestra misión en el mundo es anunciarle esta Buena Noticia”.
Algunos extractos:
•
La caridad siempre será necesaria. “El amor –caritas- siempre será
necesario, incluso en la sociedad más justa. (…) El Estado que quiere
proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva
en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que
el hombre afligido -cualquier ser humano- necesita: una entrañable
atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine
todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el
principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas
fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los
hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas
vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de
Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino
también sosiego y cuidado del alma, una ayuda con frecuencia más
necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las
estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una
concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive
«sólo de pan» (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al
hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano“
(Carta Encíclica “Deus Caritas Est”, n°28).
“Spe Salvi”: La fe es esperanza
Benedicto XVI aborda un tema clásico del cristianismo, pero lo
confronta con las respuestas que la filosofía y política han dado a la
necesidad humana de la esperanza. En 2007, el redactor de Aceprensa,
Diego Contreras, analizó el texto y destacó:
• “La fe es
esperanza”, dice el Papa, haciéndose eco de la tradición bíblica, en la
que con frecuencia ambos términos son intercambiables. En realidad,
afirma más adelante, la actual crisis de fe es crisis de esperanza. (…)
esas consideraciones no pretenden ser sólo una reflexión más o menos
académica, sino una invitación al examen de conciencia. “Es el momento
de preguntarnos ahora de manera explícita: la fe cristiana ¿es también
para nosotros ahora una esperanza que transforma y sostiene nuestra
vida? ¿Es para nosotros ‘performativa’, un mensaje que plasma de modo
nuevo la vida misma, o es ya sólo ‘información’ que, mientras tanto,
hemos dejado arrinconada y nos parece superada por informaciones más
recientes?”.
• En el núcleo de la encíclica está el análisis
que el papa hace de cómo la esperanza cristiana fue reemplazada en la
época moderna por la esperanza en el reino del hombre. (…) “Ahora se
llama: fe en el progreso”.
• El papa no tiene una visión
negativa ni de la ciencia ni del progreso. (…) “si el progreso técnico
no se corresponde con un progreso en la formación ética del hombre, con
el crecimiento del hombre interior, no es un progreso sino una amenaza
para el hombre y para el mundo”.
“Caritas in Veritate”: reflexión en torno al desarrollo
El 29 de junio de 2009, Benedicto XVI dio a conocer su tercera y
última encíclica de su pontificado. En ella, recalca la complejidad
creciente que ha adquirido la vida social, tanto a nivel nacional como
internacional, con el protagonismo de empresas pequeñas, medianas y
transnacionales, con y sin fines de lucro, de organizaciones de
cooperación y de solidaridad que desarrollan una economía de comunión y
una amplia gama de organismos de variado tipo que no sólo demandan para
sí mismas el ejercicio de ciertos derechos sociales, sino que velan
también por la justa distribución de las responsabilidades.
Algunos destacados de Caritas in Veritate.
• La Iglesia no hace política: “La Iglesia no tiene soluciones técnicas
que ofrecer y no pretende ‘de ninguna manera mezclarse en la política
de los Estados’. No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en
todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del
hombre, de su dignidad y de su vocación”(...) “Para la Iglesia, esta
misión de verdad es irrenunciable” (n. 9).
• El progreso, una
vocación: “El progreso, en su fuente y en su esencia, es una vocación:
‘En los designios de Dios, cada hombre está llamado a promover su propio
progreso, porque la vida de todo hombre es una vocación’. Esto es
precisamente lo que legitima la intervención de la Iglesia en la
problemática del desarrollo“ (n. 16).
• El hombre, primer
capital: “Quisiera recordar a todos, en especial a los gobernantes que
se ocupan en dar un aspecto renovado al orden económico y social del
mundo, que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el
hombre, la persona en su integridad” (n. 25).
• Lucha contra el
hambre: “En la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo
se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para
salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre no depende
tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos
sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional” (n.
27).
• Crecimiento demográfico: “No es correcto considerar el
aumento de población como la primera causa del subdesarrollo, incluso
desde el punto de vista económico” (n. 44).
• Familia: “Se
convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir
proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del
matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y
de la dignidad de la persona” (n. 44).
• Solidaridad y
educación: “Una solidaridad más amplia a nivel internacional se
manifiesta ante todo en seguir promoviendo, también en condiciones de
crisis económica, un mayor acceso a la educación que, por otro lado, es
una condición esencial para la eficacia de la cooperación internacional
misma” (n. 61).
• Bioética: “La bioética es un campo
prioritario y crucial en la lucha cultural entre el absolutismo de la
técnica y la responsabilidad moral, y en el que está en juego la
posibilidad de un desarrollo humano e integral. Éste es un ámbito muy
delicado y decisivo, donde se plantea con toda su fuerza dramática la
cuestión fundamental: si el hombre es un producto de sí mismo o si
depende de Dios” (n. 74).
• Nuevas formas de esclavitud: “Las
nuevas formas de esclavitud, como la droga, y la desesperación en la que
caen tantas personas, tienen una explicación no sólo sociológica o
psicológica, sino esencialmente espiritual. El vacío en que el alma se
siente abandonada, contando incluso con numerosas terapias para el
cuerpo y para la psique, hace sufrir. No hay desarrollo pleno ni un bien
común universal sin el bien espiritual y moral de las personas,
consideradas en su totalidad de alma y cuerpo” (n. 76).
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