Fraudes de los estados financieros en empresas crecen a nivel mundial
El reporte global 2012 de la Asociación de
Certificadores de Fraude analizó 1.388 casos. Si bien como porcentaje
son mayores la apropiación de activos y los ilícitos de corrupción, la
alteración de estados financieros aumentó fuerte versus 2010.
El fraude al interior de las empresas es uno de los temas que, sin duda,
ha cobrado gran relevancia a nivel de los directorios de las grandes
firmas en Chile, tras el caso La Polar. A nivel mundial, el Reporte
Global de Fraudes que realiza cada dos años la Asociación de
Certificadores de Fraude (ACFE por sus siglas en inglés), con sede en
EE.UU., arroja luces sobre las tendencias que está siguiendo esta
problemática de las compañías en las distintas regiones y países.
La
versión 2012 de este estudio analizó 1.388 casos ocurridos entre 2010 y
diciembre 2011, dando cuenta que los abusos más cometidos son la
apropiación de activos (87%), la corrupción (33%) y la alteración de los
estados financieros de las compañías (8%). Este último tipo de fraude,
si bien todavía se observa acotado en términos de su participación, es
el que muestra la curva más creciente, con un fuerte aumento en su peso
respecto del reporte de 2010 (4,8%), aunque todavía por debajo de 2008.
Por su parte, los casos de apropiación de activos y de corrupción
exhibieron un muy leve aumento versus 2010.
El documento indica
también que los fraudes en los balances fueron los que significaron las
mayores pérdidas para las firmas: US$ 1 millón promedio por empresa a
nivel mundial, si bien dicho monto cayó en relación a 2010. A su vez,
estos ilícitos son los que tardan más tiempo en detectarse.
La
ACFE estima que las pérdidas por todos los tipos de fraude podrían
alcanzar un 5% de los ingresos de las empresas al año. Esto representa
unos US$3,5 billones en pérdidas a nivel mundial.
En Chile, la
ACFE tiene ocho representantes y sólo reportó un caso. No obstante,
expertos auditores sostienen que el número real es mayor, siendo uno de
los más conocidos en el período el caso La Polar. A nivel mundial,
Latinoamérica aportó 38 casos; Europa, 134; Asia, 204; y EE.UU., 778
casos.
La medición define fraude como “cualquier uso de un puesto
dentro de la organización para enriquecimiento personal a través del
mal uso de los recursos o activos de la empresa”. Así se registran, por
ejemplo, los “robos hormiga” del personal; el cobro de horas extra no
trabajadas; y la corrupción y la adulteración de información financiera.
Esta
última es cometida por altos ejecutivos o dueños de compañías en un
17,6% de los casos. Mientras más alto es el cargo del defraudador, más
tiempo se demora su detección. En el caso de dueños o altos ejecutivos y
gerentes, el fraude se destapa no antes de 24 meses de ocurrido. A
nivel de empleados, se detecta en un año. Además, ha ido creciendo el
número de personas con posgrado que realiza este tipo de ilícito: en
2008 eran 10,9% y en 2012 son un 16,9%.
DEBILIDADES
Según
el reporte, entre los factores que facilitan la ocurrencia de fraudes
están la falta de controles internos (35,5%), descuido en el
cumplimiento de éstos (19,4%), y pocas revisiones por parte de la alta
gerencia (18,7%).
Algunos de estos problemas se identificaron en
el caso La Polar. El presidente del Instituto de Auditores, José
Monsalve, dice que luego de estallar el escándalo ha habido cambios
clave en directorios chilenos: “Los comités de directores y de auditoría
plantean más dudas, buscan más reuniones con los auditores externos e
internos, y están pendientes de que se lleve adelante el plan de negocio
y de velar específicamente porque no se produzcan fraudes”.
En
ese sentido, Monsalve especifica que dentro de los controles que más
ayudan a evitar la ocurrencia de estos casos está el código de ética que
debe establecer el directorio. De hecho, la Superintendencia de Valores
y Seguros en la nueva norma de autoevaluación para gobiernos
corporativos de sociedades anónimas abiertas sostiene que los
directorios deben implementar un código que “guíe las conductas y
prácticas de quienes están contratados”. A la par, debe analizar si
estas políticas y procedimientos se cumplen y elaborar un informe anual
con las falencias detectadas.
CANALES DE DENUNCIA
El
miembro del comité consultivo de Federación Latinoamericana de Bancos
(Felaban), Carlos Valdivieso, afirma que el código de ética es
fundamental, a lo que debe unirse la implementación de alertas tempranas
con apoyos computacionales y que permitan el mejor trabajo de las
auditorías internas. Según Valdivieso, esta última instancia debería
depender de los directorios y no de las gerencias generales o de
finanzas, “para reportar directamente cualquier problema a la máxima
autoridad de la empresa”. Al respecto, Monsalve precisa que no más del
5% de las empresas chilenas opera de esta manera.
De acuerdo al
estudio de ACFE, el mejor método para detectar fraudes está en los
canales de denuncia interna. Ricardo Gameroff, socio de Servicios de
Prevención y Detección de Fraudes de Ernst & Young, indica que según
un sondeo de la auditora, sólo un 56% de las firmas en Chile ha
implementado este canal de denuncia, frente a un 81% en EEUU. Este es un
punto clave dentro de un programa antifraude, que debería tener tres
pilares: código de ética desde la alta gerencia, identificar riesgos y
el desarrollo de protocolos de reacción ante un evento sospechoso, dice
Gameroff.
El académico de la U. Adolfo Ibáñez, Arturo Cifuentes,
indica que tras el caso La Polar, “el regulador, las clasificadoras de
riesgo y las auditoras van a estar mucho más pendientes de la
información que presentan las compañías”.
www.latercera.com
No hay comentarios.:
Publicar un comentario