2011/07/21

El 75% de la inversión china en América latina fue a Brasil

l comercio entre ambos países creció un 56%. Necesitados de los alimentos que se producen en América del Sur, los chinos ponen la mira en las tierras producitivas de esta parte del mundo


x  Marli Olmos Pekín
Cultivar la tierra y procesar alimentos del otro lado del mundo gana cierta legitimidad cuando se cuenta con 1.300 millones de bocas para alimentar. Del total de u$s 15.000 millones de inversiones productivas de China en América latina en 2010, u$s 11.000 millones tuvieron como destino Brasil.

Agricultura y energía, en la cima de la lista del interés chino, continuarán recibiendo la mayor parte de los recursos que el país asiático destina a las naciones latinoamericanas, según el vice ministro de Relaciones Exteriores de China, Zhang Kunsheng.
 
El representante del gobierno chino coloca una dosis de poesía en sus palabras cuando habla del tema. El tono es casi de un apelo. “La energía es como la sangre para el desarrollo y alimentar tantas personas es una carga muy pesada para nuestro país”.
 
El país más poblado del mundo está en lista de las naciones con menos de 0,2 hectáreas cultivables por habitante. El desafío de continuar alimentando una población, que aumentó el consumo con la explosión del desarrollo económico, preocupa al gobierno. Sin embargo, invertir en producción de alimentos en tierras lejanas es un problema menor, según Kunsheng.
El representante del gobierno chino dijo que, gracias a las inversiones en infraestructura portuaria y vial, el país tiene hoy condiciones de lidiar con la compleja logística que significa el desplazamiento de productos elaborados en el exterior.
El funcionario citó hasta el tren bala. La novedad, que redujo el tiempo de viaje de Shangai, cuna del puerto con más movimiento mundial, hasta Pekín, no sirve para carga. Sin embargo, Kunsheng habla de esa innovación como si quisiera crear un símbolo de los nuevos tiempos en el país que busca acortar su distancia con Occidente.
 
En 2010, el comercio entre Brasil y China dio un salto de 56% en comparación con el año anterior, que prácticamente repitió el resultado de 2008. Brasil lleva una ventaja de u$s 5.200 millones en la balanza comercial, aunque las autoridades chinas aseguran no estar preocupadas con ese déficit. “China no tiene como meta el superávit”, dijo Yang Wanming, director del departamento para América latina y Caribe del Ministerio de Relaciones Exteriores, pode después de que el vice ministro conversara con un grupo de periodistas latinoamericanos.
 
En Brasil se teme que China está interesada en comprar tierras. Pero hoy un extranjero sólo puede hacer ese tipo de adquisición, mediante el permiso del Consejo de Seguridad Nacional y del Congreso. Existen además, varios proyectos de ley y una propuesta de enmienda a la Constitución para ampliar la restricción a los extranjeros.
Independientemente del interés en las tierras, los chinos están invirtiendo. A inicios de año, Chong Qing Grain Group anunció el plan de invertir R$ 4.000 millones en la construcción de un complejo dedicado al procesamiento de soja y de fertilizantes y un sistema de almacenamiento y logística de granos en Barreiras, en Bahía, en un terreno donado por la intendencia.
Hojas de té verde reposan en las tasas servidas a los visitantes, cuando Kunsheng comienza a hablar sobre la calidad de los granos cultivados en Brasil. “Son mundialmente famosos”, dice.
 
Estamos en la planta baja del edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores, un suntuoso predio en el centro de Pekín, a cerca de cinco kilómetros de la Plaza de la Paz Celestial. 
En la gran sala de reuniones, el servicio de té, común en los encuentros de trabajo en China, de destaca especialmente esa tarde.
Pequeñas toallas húmedas y mullidas dobladas son depositadas sobre delicadas bandejas doradas, al lado de cada taza. Mozos colocan la primera ronda de agua caliente en las tazas y cubren con una tapa para mantener caliente la infusión. A lo largo de toda la reunión, el ritual se repetirá tres o cuatro veces.
Un occidental no dudaría en atribuir a los poderes del té el ritmo calmo con que Kunsheng conduce la entrevista. El elegante diplomático de 52 años, que trabajó en la embajada de Estados Unidos, viste traje negro, camisa blanca y una corbata lila que combina con la flor colocada junto a los lirios que adornan la mesa de reuniones. Habla serenamente, en tono bajo, fija la mirada en los ojos de su interlocutor y sonríe todo el tiempo.
El ministerio de Relaciones Exteriores de China está enfrente de la sede de Sinopec, la mayor compañía petrolera y petroquímica de China, que desarrolla proyectos de exploración y producción en 20 países, incluyendo Brasil y Argentina. Además de la sociedad con Repsol, Sinopec tiene en Brasil inversiones en los gasoductos entre Cabiúnas (Rio de Janeiro) y Vitória (Espírito Santo) y en el que enlaza la estación de Cacimbas, en Linhares (Espírito Santo) a Pojuca (Bahía), pasando por 51 ciudades de ambos estados (provincias).
 
Como otros representantes del gobierno, Kunsheng repite sobre el desafío de China en la búsqueda de energías limpias. Pero evita especificar proyecciones de inversiones. "Apoyamos a las empresas que quieren invertir; pero no nos cabe definir", insiste Wanming, del departamento latinoamericano.

Kunsheng enaltece la evolución en las relaciones comerciales y cuenta que el ritmo de visitas de delegaciones de América latina al país no tiene precedentes. "Estamos viviendo la mejor etapa de la historia de desarrollo de esas relaciones", completa. Además de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que pasó por el país en abril, destaca las recientes visitas de los gobernantes de Argentina, Chile, Uruguay, Cuba y Costa Rica.

“América latina tiene una tierra fecunda y cultura peculiar; para China esa región es fascinante y misteriosa”, afirma Kunsheng, que destaca el tamaño del comercio entre su país y América latina, que creció 10% en 2010, a un total de u$s 183.000 millones. “No podemos olvidar que crecimos en medio de una crisis mundial”, dice. La proyección del ministerio indica que el total este año deberá alcanzar u$s 200.000 millones, valor mucho más alto de los u$s 40.000 millones registrados en 2004.

El área de inversiones sigue más o menos el mismo perfil de intereses que se aplica hoy al comercio entre los dos países. Pero a pesar del nítido interés por el área agrícola, Brasil también recibió inversiones chinas en el sector industrial. Se destacó el segmento de tecnología. Guo Tianmin, vicepresidente de Huawei Technologies, mayor fabricante de equipos para redes de telefonía en China, confirma la intención de la empresa en explorar el potencial del mercado sudamericano como forma de abrir camino para ganar espacio en el ranking mundial.

En abril, Huawei anunció que invertirá u$s 350 millones en un centro de investigación y desarrollo en Campinas, en San Pablo. ZTE, fabricante de celulares y equipos para redes de telecomunicaciones, tiene planes de colocar u$s 200 millones en Hortolândia, en San Pablo, donde pretende levantar una fábrica y su primer centro de investigaciones en América latina.

En ese sector, llamó la atención recientemente el anuncio de Foxconn, de origen taiwanés y con la mayor parte de los negocios en China, con un plan de aplicar u$s 12.000 millones en una línea de montaje para Apple en Brasil y una fábrica de paneles de LCD.

El martes fue el estreno del sector automotriz. Chery realizó una fiesta en Jacareí, en San Pablo, durante el lanzamiento de la piedra fundamental de la primera fábrica de autos chinos en el país. Con inversión de u$s 400 millones, se prevé que las obras concluyan en 2013. 

Pero si por un lado la intención es explorar tierras brasileñas para llevar alimento a su pueblo, China también despierta para disputar mercados que hasta aquí sólo multinacionales del Primer Mundo habían descubierto.

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