2010/05/10

Caso Goldman Sachs: el "fabuloso Fab" da más miedo de lo que parece

¿Es Fabrice Tourre uno de los hombres más presuntuosos del mundo o este operador de bonos de Goldman Sachs es un tipo plenamente consciente de sus debilidades? Después de leer los correos electrónicos que enviaba a su novia, en los que se refiere a sí mismo como el "Fabuloso Fab", su perfil parece encajar más bien con la primera hipótesis.

No obstante, aunque las pruebas presentadas ante el subcomité del Senado han despertado menos curiosidad que los mensajes electrónicos, presentan una imagen bien distinta del banquero. Entre las 901 páginas del informe hay constancia de lo que los empleados de Goldman escribieron de sí mismos en 2007. Los informes resultan fascinantes por las descripciones que en estos se hace de los implicados y de la arrogante, distorsionada, y competitiva burbuja que forma Goldman Sachs.

Daniel Sparks, ex responsable del Departamento de Hipotecas de la entidad, se mostraba de lo más modesto al afirmar que "este año he tenido los mejores resultados de toda mi carrera profesional... en pocas palabras, hemos arrasado". Michael Swenson recoge el testigo de Sparks asegurando que "en el frente del liderazgo, mis resultados fueron excelentes el año pasado". Joshua Birnbaum concluye diciendo que "creo que seré un candidato a socio muy convincente".

Estas tres declaraciones ignoran por completo el trabajo en equipo,. Swenson se limita a decir "estoy muy orgulloso de los empleados que he conseguido formar a mi cargo", dando a entender que sus subordinados no lograron cosechar un solo éxito hasta que tuvieron la gran suerte de trabajar para él. Y ¿qué hay de las debilidades? Al parecer, los empleados de Goldman no tienen. Ni siquiera se les presentan "oportunidades de mejora". En los informes de resultados sólo hay una casilla en la que, de modo eufemístico, se invita a mencionar los "objetivos que no se han cumplido", términos, al parecer, contradictorios en la entidad.

Casi todos ellos citan defectos tan impersonales e indescifrables como la "necesidad de apalancar la firma". Con gran habilidad, Birnbaum se las apaña para que sus defectos parezcan virtudes: "Gracias a mi experiencia, me he hecho merecedor del respeto de los empleados del departamento más joven. Necesito dedicar algo de tiempo para que su respeto acabe convirtiéndose en confianza". Birnbaum viene a decir que es tan bueno que es normal que mis subordinados le vean como a un dios. En cambio, el "Fabuloso Fab" no hace ningún intento especial por darse bombo. En la casilla de "objetivos no cumplidos" reconoce que "el trabajo en equipo tiene que mejorar. Tendría que delegar responsabilidades y dejar de supervisar lo que hacen los demás. Debería ser más paciente con los miembros del equipo".

De pronto, tengo la impresión de que el "Fabuloso Fab" está lanzando piedras contra su propio tejado. En realidad, sus comentarios deben interpretarse como "tengo malas relaciones con la gente. Lo sé y voy a intentar mejorar". La diferencia entre Fabrice y el resto es, en parte, la nacionalidad. A diferencia de los franceses, los estadounidenses aprenden a presumir desde que tienen uso de razón. Pero hay más. Se suponía que estos informes nunca saldrían a la luz pública. Fueron redactados con el único propósito de que estos banqueros cobraran unos bonos tan estratosféricos como su ego. Lo primero que salta a la vista es la arrogancia de los tres americanos, aunque me pregunto si no resulta más aterrador el concepto que tiene de sí mismo el operador francés.

Y, por último, ahí van los dos regalos lingüísticos para los coleccionistas. Al hablar de los valores respaldados por hipotecas, Birnbaum asegura que "socializó la idea". El segundo ejemplo está en las declaraciones de Fabrice, en las que asegura que debemos hacer lo posible por ser un "sólido portador de cultura", como si uno pudiera transmitir la cultura de Goldman igual que se transmite una enfermedad sexual.

DiarioFinanciero.cl

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