A. Ward en Estocolmo, C. Bryant en Viena, J. Cienski en Varsovia y R. Atkins en Frankfurt
Mientras la crisis fiscal griega impone a la eurozona la prueba más difícil en sus once años de historia, los detractores fuera de la región de la moneda única están tratando de contener su regocijo.
En el Reino Unido y en Dinamarca, los únicos miembros de la Unión Europea que optaron por quedar fuera del euro, los críticos han aprovechado la crisis para reafirmar el argumento en contra de la adhesión.
El gobierno de centro derecha de Dinamarca, que está a favor del euro, había prometido un referéndum sobre el tema antes de la elección del próximo año, una década después de que los daneses votaran en contra de la adhesión. Pero se ha echado para atrás, mientras las encuestas muestran que el país está dividido sobre deshacerse de la corona.
En el Reino Unido, el partido Conservador ha intensificado su retórica anti-euro ante las elecciones generales de la próxima primavera (boreal) que probablemente los lleve al poder. "Nuestros déficit y deuda ya están lo suficientemente mal sin la camisa de fuerza del euro", dijo el líder del partido, David Cameron, que prometió que bajo su liderazgo, el Reino Unido nunca se uniría a la moneda única.
Incluso en Europa central y oriental, donde el entusiasmo por el euro es mayor, hay débiles señales de apoyo. Los exportadores de países fuera de la eurozona disfrutaron de una ventaja competitiva por sobre los miembros del euro, como Eslovaquia y Eslovenia, cuando la moneda se apreció durante la crisis financiera. Esa tendencia está ahora decayendo, pero las dudas sobre la estabilidad de la eurozona podrían afectar cualquier impulso renovado a favor de la membresía.
Sin embargo, en algunos países el deseo de adoptar el euro se mantiene fuerte. Estonia sigue con los planes de adherirse en enero de 2011 después poner sus finanzas públicas en línea con los criterios de convergencia, y Letonia y Lituania esperan adherirse en 2014.
Las autoridades de la eurozona continúan comprometidas con la expansión de la unión monetaria. Aunque, mientras la crisis griega aumenta el escrutinio de los desequilibrios entre los miembros, es seguro que la perspectiva de admitir países golpeados por la crisis, como Hungría y Letonia, pueda causar nerviosismo.
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