Ayer fue una jornada negra para las empresas estadounidenses, con al menos cuatro grandes compañías acogiéndose a quiebra. Pero el caso más relevante fue sin duda el de Nortel Networks, el mayor fabricante de equipos de telecomunicaciones de Estados Unidos, que sucumbió bajo sus problemas de liquidez.
Nortel se acogió a protección de acreedores un día antes de que venciera el plazo para pagar intereses de
US$ 107 millones sobre sus deudas.
La cotización de sus acciones fue suspendida de inmediato en la bolsa de Nueva York.
Como primer paso para reordenar sus operaciones Nortel planea despedir a, al menos, 18% de su personal. Sin embargo, la firma continuará funcionando y confía salir fortalecida de la bancarrota.
Nortel ha perdido al menos US$ 7 mil millones desde la llegada de su director ejecutivo, Mike Zafirosvi, en 2005 y el año pasado su valor en bolsa se desplomó 97%.
La declaración de la quiebra sugiere “que la compañía es incapaz de estabilizar su situación de falta de liquidez”, advirtió a Bloomberg el analista especializado en tecnologías, Richard Windows.
Los problemas de Nortel se agravaron luego de que la venta de su división de teléfonos móviles de alta velocidad a Alcatel por US$ 320 millones acelerara la caída de sus ingresos. A eso se sumó además la creciente competencia con Cisco.
Día de quiebras
Pero Nortel no fue la única empresa que buscó ayer protección de los tribunales.
La cadena minorista de ropa Goody’s, que cuenta con 282 locales en Estados Unidos, entró en bancarrota por segunda vez en siete meses, pero esta vez prevé cerrar definitivamente después de liquidar activos para cancelar deuda por US$ 65 millones.
El operador de tiendas por departamento Gottschalk’s también cayó en cesación de pagos ayer, mientras busca un comprador. La firma es un actor mediano que posee 58 tiendas en seis estados en el oeste del país.
“Los desafíos de la economía y las recientes reducciones a nuestra capacidad de endeudamiento como consecuencia de las restricciones en el mercado del crédito nos han dejado sin alternativa”, declaró su presidente, Jim Famalette.
La minera Apex Silver fue la cuarta baja de ayer. La compañía declaró la quiebra para poder reestructurar una deuda por más de US$ 290 millones que mantiene con diversas instituciones bancarias. Como parte del proceso acordó vender su operación en Bolivia San Cristobal a la japonesa Sumitomo por US$ 27 millones y comisiones.
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