¿Cómo puede ser que Chipre, un país-isla algo más
grande que Chiloé, con poco más de un millón de habitantes y una
economía que equivale al 10% del tamaño de la chilena, tenga a los
mercados financieros europeos en vilo?
Todo empezó el sábado pasado, cuando el gobierno chipriota anunció
que como parte del acuerdo de rescate financiero por parte de la troika
formada por la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo
Monetario Internacional, éste incluía un “impuesto” de entre 6,75% y
9,9% sobre los depósitos a plazo en los bancos de la isla.
El monto necesario para hacer frente a la crisis sumaba 17 mil
millones de euros. Sin embargo, los países acreedores -probablemente
cansados de lo ya perdido en los rescates previos a Irlanda, Grecia y
Portugal- no estaban dispuestos a poner más de 10 mil millones de
euros. Ya había 1,2 mil millones de euros que el gobierno chipriota se
había comprometido a producir a partir de privatizaciones y el aumento
de impuestos a empresas. Los 5,8 mil millones de euros que restan
tendrían que salir del bolsillo de los depositantes.
¿Por qué se tuvo que echar mano a los depósitos, a diferencia de lo
que se hizo en otros rescates? Una parte sustantiva de los fondos
depositados en los bancos chipriotas proviene de inversionistas rusos,
quienes aprovechaban el carácter de paraíso fiscal de este pequeño país,
miembro de la Unión Europea desde el 2004 y que adoptó el euro el 2008.
Para la pobre Chipre, el timing de su crisis claramente le jugó en
contra. Con las elecciones federales en Alemania, que se realizarán en
septiembre próximo, no resultaba muy fácil justificar que los
contribuyentes alemanes salieran a rescatar el dinero de oligarcas rusos
que, en el mejor de los casos, estaban eludiendo impuestos.
El misterio que aún no es posible aclarar -el recientemente elegido
gobierno chipriota culpa a la troika y viceversa- es por qué en la quita
se incluyó a los depósitos de menos de 100 mil euros, límite hasta el
cual existía una garantía. La mano izquierda del gobierno estaba
haciendo algo (poner un impuesto) sobre lo que la mano derecha estatal
se comprometía a garantizar.
Como era de esperar, a los chipriotas les pareció pésimo el anuncio y
rápidamente salieron a las calles de la capital, Nicosia, y otras
ciudades a protestar. Era la primera vez en la historia reciente de
rescates financieros que a los pequeños ahorrantes se les hacía
partícipes (o víctimas) de un plan de salvataje económico.
Pero el malestar no sólo fue en la población local. A comienzos de la
semana la reacción de los mercados financieros no se hizo esperar: el
euro cayó hasta un 1,5%, la mayor baja en los últimos 14 meses, ya que
la crisis chipriota volvió a recordar a los inversionistas los fantasmas
de una crisis bancaria que asolaron Europa durante buena parte del
2012.
Las bolsas europeas no se hicieron esperar y cayeron de manera
abrupta; los bonos españoles e italianos también reaccionaron, subiendo
las tasas que el mercado exige para tomar el riesgo de esos países.
Empezaron a circular rumores que se podía generar una corrida de
depósitos desde los bancos pequeños o en la periferia europea, a bancos
percibidos como más sólidos en el centro del continente. Bastó que un
pequeño país les recordara a muchos inversionistas que la crisis
financiera en Europa está aún lejos de resolverse y que incidentes
desestabilizadores bastante menores, como el de Chipre, puedan gatillar
una crisis de mucha mayor proporción.
Ante el tremendo error cometido, el gobernante partido de
centroderecha trató de echar pie atrás, permitiendo, a través de
abstenerse en la votación de las medidas en el Parlamento chipriota, que
el rechazo de la oposición impidiera su aprobación.
¿Habrá habido algún parlamentario que pensó que despertaría con una
cabeza de caballo a su costado, cortesía de un enfurecido depositante
ruso, cuyos fondos de dudosa reputación habían sido parcialmente
expropiados?
Tras el rechazo al plan, el gobierno está corriendo a toda prisa para
levantar un plan B, que respete la garantía sobre los depósitos menores
a los 100 mil euros. Al mismo tiempo, y quizás en una señal de que
vuelven a evidenciarse grietas en la Unión Europea, el ministro de
Finanzas de Chipre tomó un avión a Moscú. Si los países miembros no
pueden tender una mano, quizás los rusos -bastante afectados por las
medidas propuestas- estén dispuestos a ayudarlos. Especialmente si el
gobierno ruso ve los beneficios de tener acceso a los cerca de US$ 240
mil millones en reservas de gas recientemente descubiertas.
Si bien la crisis de Chipre tiene preocupados, y con cierta razón, a
inversionistas y políticos europeos, parece que el resto del mundo
rápidamente está dispuesto a dar vuelta la página y preocuparse de cosas
“realmente” importantes, como la recuperación económica en China o la
visita del presidente Obama a Israel. Me llamó la atención ver que un
inversionista le restara importancia a un problema que significaba la
producción de tan sólo algunas horas de la economía americana.
Pronto sabremos si los rusos le harán una oferta a Chipre que a ese
país le sea imposible de rechazar. Lamentablemente, ya sabemos cómo
termina esa película…
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