2016/04/04

Un día en el distrito bohemio de Lima

A mediados del siglo XX, Barranco -antes un balneario de moda- comenzó a ser frecuentado por artistas e intelectuales. Hoy experimenta un revival.
Por: Soledad Balduzzi
Lima
Suave en el interior como el terciopelo y delicadamente crocante en su superficie. Detrás de las capas de miga, un relleno ni tan líquido ni tan espeso, que humedece el conjunto. Son los panecillos de crema de almendra que van desapareciendo del plato de porcelana con dibujos de flores en tonos pasteles y bordes dorados. Dispuestos en una larga mesa de madera, a su lado hay jarrones de vidrio con jugo natural y bandejas con frutas tan coloridas como exóticas.
El desayuno buffet del Hotel B es el puntapié ideal para un recorrido por Barranco, el barrio bohemio por excelencia de Lima. Construida a principios del siglo XX bajo la estética de la Belle Époque, esta mansión fue restaurada por un grupo de expertos, entre ellos escultores de la Escuela de Bellas Artes de Perú, y abrió sus puertas como un hotel boutique en 2013. Cuando el fotógrafo David LaChapelle viajó a ese país en enero del año pasado para asistir al estreno de su exposición en el Museo de Arte Contemporáneo, se hospedó en una de sus 17 habitaciones.
Situado frente a una larga y angosta plaza, a su costado está la Galería Lucía de la Puente, que lleva 21 años exhibiendo y promocionando las obras de algunos de los artistas más destacados del país, como José Tola y Sandra Gamarra, y que en el último tiempo ha explorado con muestras colectivas de jóvenes emergentes.
Al otro lado de la plaza está Dédalo, una tienda de arte y artesanía local, de la cual resulta casi imposible salir con las manos vacías. Joyas, adornos, cerámicas, tejidos, ropa, libros y muchas cosas más seducen a la visita que recorre titubeante las habitaciones de esta antigua casona como si se tratase, tal como su nombre lo sugiere, de un laberinto. En un patio interior, rodeado de árboles y plantas, está una pequeña cafetería-restorán. Para calmar la sed que provoca la humedad que en esta época del año puede incluso superar el 80%, hay una selección de cervezas artesanales, además de la típica chicha morada.
Cerca de mediodía, una parada obligada es Canta Rana, cevichería pronta a cumplir los 30 años que ya es parte de la idiosincrasia barranquina.
Caminando por la avenida San Martín hacia el sur, en menos de dos cuadras aparece por la vereda izquierda una pequeña casita blanca con tejas roñosas, que pasaría inadvertida si no fuera por la pared que luce letras pintadas en mayúscula y que forman las palabras: “LA LIBRE”. Ana y Carlos, una pareja de españoles, abrieron esta librería hace poco más de un año. Aquí son bienvenidos los títulos de las editoriales independientes que no figuran en las cadenas tradicionales. También hay clásicos, poesía, fotografía y cómics. El local, además, tiene la vocación de convertirse en un punto de encuentro en el distrito, por lo que todas las semanas organiza actividades culturales como lanzamientos, firmas de libros y lecturas de poemas.
Al continuar el paseo por la misma avenida, se llega al emblemático “Puente de los suspiros”, quizás la postal más conocida y representativa cuando se habla de Barranco. La famosa cantautora y folclorista peruana, Chabuca Granda, compuso uno de sus valses criollos más populares inspirada en esta pasarela. “Es mi puente un poeta que me espera / con su quieta madera cada tarde / y suspira y suspiro / me recibe y le dejo / solo sobre su herida / su quebrada”.
Parte de su infancia la vivió en este barrio que originalmente fue poblado por pescadores y a inicios del siglo XX se transformó en el balneario de moda, ganando el sitial que antes tenía Chorrillos. Posteriormente, se hizo conocido por las festivas celebraciones de los carnavales y por la afluencia de músicos, artistas e intelectuales.
Cerca de mediodía, una parada obligada es  Canta Rana, cevichería pronta a cumplir los 30 años que ya es parte de la idiosincrasia barranquina. Emplazada en el primer piso de una antiguo edificio esquinero, en las paredes cuelgan fotografías de famosos que han comido allí, como Paul McCartney, Diego Maradona, Charly García y Joan Manuel Serrat. Los comensales tienen más de 160 platos para elegir de cocina marina y criolla, pero deben hacerse de paciencia: el lugar suele llenarse y habrá que esperar por una mesa. ¿Algunas recomendaciones? El ceviche clásico, la causa de cangrejo y el arroz con mariscos.
El café hay que tomarlo en Tostaduría Bisetti, que data de 1958 y está ubicada frente a la plaza principal del distrito. Aquí se tuestan a diario los granos cuidadosamente seleccionados y provenientes de diferentes regiones de Perú, como Cajamarca –en la sierra norte– y Junín –en el centro sur–. Hay un laboratorio de tostado y de análisis sensorial, y una academia de baristas: en este lugar, saber preparar el café va más allá de la técnica; es un arte, un estilo de vida. Además, hay una variedad de sándwiches y pasteles para acompañar la bebida y cómodos sillones si la intención es alargar la visita.
A medida que oscurece, cambia la personalidad del barrio. La calma y el mutismo de las mañanas contrastan con la vitalidad y el bullicio que se apoderan de las noches barranquinas.
Seguimos el recorrido por la avenida hasta llegar a MATE, un museo fundado en 2012 por Mario Testino, el fotógrafo peruano más reconocido en el mundo. Aquí se puede encontrar una exposición permanente de su obra, como retratos de Kate Moss, Naomi Campbell, Elton John, Angelina Jolie y Demi Moore.
También se realizan muestras de arte y de fotografía contemporánea de autores locales e internacionales. Situado en una construcción del siglo XIX, la sola arquitectura de este inmueble, declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 1980, es razón más que suficiente para conocerlo.
A medida que oscurece, cambia la personalidad del barrio. La calma y el mutismo de las mañanas contrastan con la vitalidad y el bullicio que se apoderan de las noches barranquinas. La posada del ángel es un clásico para escuchar música trova en vivo y pasar una velada más tranquila y romántica. Como despedida, a todas las mujeres se les entrega una rosa.
Al cruzar la calle, justo en frente, está el Ayahuasca, uno de los bares más onderos del sector. Abierto desde 2008, su decoración hace referencias al chamanismo y a las culturas indígenas. Posee una amplia carta de tragos, pero el cóctel de la casa es el ayahuasca sour, elaborado con pisco de quebranta –la uva pisquera predilecta de ese país– macerado con hojas de coca, jugo de limón, jugo de aguaymanto –una pequeña baya anaranjada increíblemente ácida–, jarabe de goma y clara de huevo. No se preocupe: por mucho que su nombre apele a la sicodélica bebida amazónica, no tendrá visiones ni accederá a otros estados de conciencia. Aunque sí querrá pedir una segunda ronda. •••
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