2016/04/04

Leonidas Montes: “La borrachera sesentera se está pasando”

Leonidas Montes advierte signos de moderación en el afán refundacional del gobierno, pero alerta que aunque la obra gruesa ya está hecha, “el demonio está en los detalles”. Cercano a Eliodoro Matte, le extraña que se le mida con una vara más estricta que otros casos de colusión y defiende que el empresario haya dado la cara. “¿Qué ha pasado con el señor Peñailillo?”, se pregunta, y agrega: “Tampoco he visto al señor Ponce dando la cara”.
Por: Antonieta de la Fuente
Foto: Verónica Ortiz
Leonidas Montes
Cuando Leonidas Montes aterrizó en Chile en julio del año pasado, luego de un año y medio sabático como Senior Research Fellow en el Center for the History of Political Economy de la Universidad de Duke en Estados Unidos, lo que más le sorprendió del ambiente político y social local fue la negatividad imperante.
Si bien siempre estuvo al tanto de lo que ocurría en el país, de las controvertidas reformas empujadas por el gobierno y de los escándalos de corrupción que fueron mes a mes sacudiendo a la opinión pública y monopolizando el debate político, no fue sino hasta que se instaló nuevamente en Santiago cuando pudo tomar el pulso realmente al enrarecido clima de odiosidades y desconfianzas que se había instaurado.
“Hemos perdido esa facultad smithsiana de la simpatía, de ponerse en la situación del otro, de entender las circunstancias que gatillan la conducta del otro. Hoy es tal el nivel crítico de la opinión pública, que a mí me sorprende este foco en lo negativo que olvida lo positivo”, dice.
Para el economista y filósofo, hay una suerte de expiación en la manera como se está comportando la sociedad, que va desde las grandes masas hasta las elites.
“Hay algo integrista, casi religioso, donde todos rasgan vestiduras. Hay una capacidad muy sorprendente a juzgar, a tirar las primeras piedras, a decir ‘cómo es posible’, ‘qué impresentable’. Hemos caído en una dinámica de negatividad que no nos permite ver lo bueno”, dice.
Sentado en su pequeña oficina de la Universidad Adolfo Ibáñez, donde todavía hay varias cajas de cartón con los cientos de libros que no ha terminado de desembalar, porque no sabe dónde ponerlos, cuenta que está entusiasmado con sus nuevos desafíos académicos. Después de haber escrito en Duke un paper sobre las visitas del filósofo Fredrich Hayek a Chile junto al economista Bruce Caldwell, que obtuvo dos reconocimientos internacionales, está a punto de publicar otro sobre las visitas de Milton Friedman al país. Pero lo que más lo entusiasma es la cátedra que dictará en la UAI sobre Adam Smith, el tema al cual ha destinado su carrera como investigador. De hecho, su enfoque sobre el filósofo y economista escocés está recogido en el libro Adam Smith, su visión, pensamiento y legado que acaba de ser publicado por la editorial de Princeton, donde comparte páginas con otros expertos en la materia, además de varios premios Nobel.
Leonidas Montes es además miembro del consejo directivo del Centro de Estudios Públicos (CEP), y por lo tanto, cercano a Eliodoro Matte, el ex presidente del centro de pensamiento. No es el único vínculo que lo une al empresario. “Hago el disclosure. Yo he tenido el privilegio de participar en dos directorios del Grupo Matte. Y también tenemos una larga relación por el CEP. Además, tenemos una relación muy cercana porque somos parientes. Entonces los conozco a todos muy bien y los aprecio como mi familia”, dice.
-¿Y qué opina de la colusión?
-Los casos de colusión son tremendamente graves y así lo reconoció Eliodoro Matte en la primera entrevista que dio. Nadie niega eso. Pero en este caso noto un doble estándar. Cuando apareció el caso, la presidenta de la República salió inmediatamente a condenarlo, pero no pasó lo mismo con SQM. Si lo ves desde afuera, ¿es más grave un caso de colusión de mercado que el caso de SQM, donde hay financiamiento ilegal a la política? Tampoco he visto al señor Ponce dando la cara.
-Eliodoro Matte en su última entrevista en El Mercurio dice que por decir la verdad los han castigado más. ¿Lo ve así?
-Pareciera. Él ha sido honesto y ha puesto a las instituciones por delante de su persona. Renunció al CEP cuando tenía que renunciar, en el consejo directivo. Y tomó la decisión de dejar CMPC. Apenas surgió el caso colusión inmediatamente dio la cara, reconoció lo grave que era y pidió disculpas. Además, la empresa asumió una posición proactiva incluso más allá de la ley. Se acercaron al Sernac. Todo esto lo encuentro destacable. Basta leer y comparar la entrevista que dio Gonzalo Vial frente al caso de los pollos, que fue otro gravísimo caso de colusión, cuyo costo y daño a los consumidores fueron incluso mayores. En el estudio que le hizo Andrés Gómez Lobo a la Fiscalía Nacional Económica hablaban de un daño de más de mil millones de dólares. ¡Cómo vas a comparar esas dos reacciones!
-¿Cree que a los Matte, por el mismo hecho de estar en instituciones como el CEP, defender las ideas de competencia y libre mercado y ser una familia icónica en el mundo empresarial, se les mide con una vara más alta?
-Claro, quizá ése es el costo de hacer las cosas bien. Chile se ha caracterizado por tener empresarios genuinamente interesados por el país y eso hoy se hace más difícil. Pero me sorprende que se produzcan estos dobles estándares. También hay que reconocer las trayectorias. Y creo que la trayectoria de Eliodoro Matte como empresario y la de su familia como aporte a lo que ha sido el desarrollo de este país ha sido tremenda.
-Eliodoro Matte en su entrevista también lamentó el proceder de la Sofofa con CMPC. ¿Cree, como él dice, que intentaron limpiar su imagen, sacando partido de este caso?
-Es obvio que no se ha medido con la misma vara.
-El tema es que hubo gente que no creyó que Eliodoro Matte nunca se hubiera enterado de que había colusión al interior de CMPC…
-Es que ¡quién le cree a quién en este país! Aunque la desconfianza es sana, hay demasiada desconfianza. Todo esto nos debería permitir mejorar estándares para que haya check and balances a nivel de empresas y donde exista un Estado de derecho que logre evitar estos problemas. Por eso celebro que se estén revisando las atribuciones del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, la Fiscalía Nacional Económica, y que haya mayores multas.
-¿Usted le cree a pie juntillas a Eliodoro Matte que nunca se enteró que existía colusión?
-Claro que sí. ¿Por qué iba a decir una mentira?

“¿Qué sabe Peñailillo?”

Para Montes, lo que ocurrió tras el caso Penta es que se pasó desde un fenómeno de politización de la justicia a la judicialización de la política. “Visto desde afuera fue casi un circo romano”, dice.
Sin embargo, no le quita gravedad a lo ocurrido y aplaude que hoy las malas prácticas estén quedando en evidencia. “El caso Penta reveló muchas cosas que antes se hacían en Chile y que hoy no se hacen. Y me parece que eso es sano. Se han generado nuevos estándares. Con el tráfico de influencia y los conflictos de interés, la gente hoy está mucho más consciente”, dice.
A juicio de Montes, los casos que se investigan actualmente abren varias interrogantes aún no resueltas. “¿Cómo defines lo que es tráfico de influencia de lo que es cohecho? ¿Un email a un gerente, es muy distinto a uno para la CUT o a otro grupo de interés? No es tan claro ni simple”, agrega.
“¿Qué ha pasado con el señor Peñailillo? ¿Se ha filtrado algo? ¿Ha dado la cara? Me encantaría que dijera la verdad. No ha dicho una palabra, y lo único que ha recibido es el apoyo y la confianza de la presidenta”.
-¿Cree que Pablo Longueira actuó bien enviando el borrador del proyecto del royalty a Patricio Contesse?
-Eso no debió haberlo hecho. Desconozco detalles de este caso, sin embargo, creo que hay que esperar a ver quiénes votaron en ese proyecto y cómo se votó. Pero a lo mejor otro político le envió a la CUT otra indicación. No lo sé. No sé hasta qué punto esto define cohecho. Si es delito o no, es cuestionable. Fíjate en las filtraciones de mails y cuáles son los que se han publicado. ¿Qué ha pasado con el señor Peñailillo? ¿Se ha filtrado algo? ¿Ha dado la cara? Me encantaría que dijera la verdad. No ha dicho una palabra, y lo único que ha recibido es el apoyo y la confianza de la presidenta. Pero ¿qué sabe Peñailillo? ¿Qué pasó con eso? No entiendo este doble estándar. Pareciera que nuestra diosa justicia está más ciega para un lado.
-¿Hay salida para la crisis de desconfianza que generaron estos escándalos? ¿Es la verdad el antídoto?
-Bueno, creo que poco a poco la verdad se está develando. Los estándares cambiaron y tendrá que venir una nueva etapa. Esto no puede durar para siempre. Quizá habría que hacer lo que propone Ramiro Mendoza: una suerte de delación compensada, pero eso hoy podría ser considerado un arreglín o una cocina. Yo prefiero que sigan funcionando las instituciones como tienen que hacerlo, esto es, considerándolos a todos iguales ante la ley.

El fin de la borrachera

Crítico de la manera como el gobierno ha diseñado e implementado sus reformas, Montes dice que si bien no tiene una visión optimista de lo que está pasando, tampoco está pesimista.
“Estamos ante lo que uno podría llamar la adolescencia de un país en camino al desarrollo y siempre he sostenido que ha habido un diagnóstico errado respecto a la realidad social, económica y política del país. Creo que en ese sentido, los intelectuales de la Nueva Mayoría se equivocaron en interpretar lo que eran los anhelos y las soluciones. Pero percibo que toda esa borrachera sesentera se está pasando. Quizá ya se dieron cuenta de que la sociedad está evolucionando de manera distinta a lo que ellos querían o suponían”, dice.
-¿Es el menor crecimiento económico el que ha puesto el freno?
-Por cierto, porque no es lo mismo crecer al 2% que al 5%. Y sin crecimiento no se pueden satisfacer los sueños socialistas.
-¿Cree que ahora que ya se hizo la obra gruesa de las reformas del gobierno, las cosas tenderán a mejorar?
-Las tres grandes reformas han tenido serios problemas de diseño y de implementación. Así que cuando la presidenta da la señal y dice ‘la obra gruesa ya está, ahora son los detalles’, hay que tener mucho cuidado: el demonio está en los detalles.
-Se ha criticado la falta de liderazgo de la presidenta, ¿cree que es así?
-Creo que ella volvió de Estados Unidos con una agenda socialista mucho más dura, que quedó plasmada en el programa. Y ella lo aplicó. Políticamente uno podría decir que este gobierno, en términos de las reformas que quería implementar, ha sido un éxito. Ahora vamos a ver los resultados. Ése es el gran problema. Respecto a su liderazgo, Bachelet ya no cuenta con la aprobación que solía tener. Y es complejo en términos de las relaciones internas. Basta recordar los roces con el ministro del Interior, que son parte de su historia.
“Cómo explicas que el acuerdo de vida en pareja que es algo que se hizo durante el gobierno de Piñera, lo capitalice el gobierno de Bachelet. Eso no lo entiendo. Por cuestiones valóricas, la derecha se queda mucho más atrás de lo que la sociedad quiere”.
-Tras el cambio del gabinete el año pasado, usted planteó en una entrevista que esperaba que Burgos fuera un ministro del Interior que pisara huevos y no un adulador de la presidenta, ¿se le ha pasado la mano?
-No sé si se le ha pasado la mano. Pero mira cómo lo han tratado. Hoy se le ve muy solitario.
-¿Le parece sano que el ministro del Interior salga a discrepar públicamente de las reformas del gobierno, como sucedió con la ley de aborto? ¿Es sustentable en el tiempo que se mantenga esta figura de ministro disidente?
-Cuando se entra en temas valóricos, la cosa se complica. Burgos es demócrata cristiano y me imagino que católico, por lo que el tema del aborto debe ser difícil para él. Ahora, en términos de reciprocidad, a él también lo han basureado. Creo que Burgos cometió un error al no renunciar cuando la presidenta no le informó de su viaje a La Araucanía.
-Eso no habría empujado a un quiebre entre el gobierno y la DC?
-Es que el quiebre ya está latente desde hace mucho tiempo.
-Cuando asumió Rodrigo Valdés como ministro de Hacienda, usted dijo que esperaba que tuviera los cojones para hacer las mejoras en las reformas. ¿Los ha tenido?
-Afortunadamente, Valdés ha jugado un rol sumamente importante en el Ministerio de Hacienda y aparentemente en dupla con Eyzaguirre, a quien al parecer finalmente le cayó el alcachofazo. La entrevista que dio el ministro Eyzaguirre en la revista Capital me parece que refleja un cambio de tendencia. Algunas señales que se están dando en la discusión de la reforma laboral, que es muy anacrónica y no enfrenta los desafíos del siglo XXI, apuntan a que se está recuperando algo de sensatez.
-¿Lo hizo muy mal Eyzaguirre como ministro de Educación, a su juicio?
-Creo que Eyzaguirre fue muy irresponsable como ministro de Educación. Y no ha pagado ningún costo político por echarle leña a esa hoguera de ideales que avivó el afán refundacional. Uno entiende que los jóvenes tengan ideales. Siempre ha sido así. Pero es más complicado con los abuelos y abuelas a los que les bajan las culpas y la nostalgia del 68.

“La derecha ignoró la historia”

-¿Cómo ve a la derecha hoy?
-Pienso que todo ese diagnóstico errado que tuvo la Nueva Mayoría con la retroexcavadora, al final debiese ser capitalizado por la derecha. Celebro que haya intelectuales jóvenes que hoy estén participando del debate público, como Hugo Herrera, Pablo Ortúzar o Axel Kaiser que es libertario, y que haya un acercamiento desde el mundo político al mundo intelectual. Porque la verdad es que la derecha nunca fue muy llana a eso. Pero más que la política y la derecha, pienso que los principios liberales han calado profundamente en la sociedad chilena. La gente valora lo propio y el mérito. Cree que para surgir en la vida se necesita buena educación, trabajo duro y ambición. Todo esto es el sueño de Adam Smith.
-¿Comparte la tesis de Pablo Ortúzar que dice que hay un vacío intelectual brutal en la derecha?
-Bueno, pero él lo está llenando.
-Sin embargo, parece que todavía es bien incipiente, que en el mundo político no los escuchan mucho.
-No he hablado de esto con ninguno de ellos. Pero si bien los Chicago boys hicieron importantes reformas para liberalizar la economía, se ignoró la historia. Y la derecha siempre ha tenido ese déficit histórico. Métete a Wikipedia y lee lo que hay escrito acerca de Jorge Alessandri. Es una cosa mal hecha. En cambio, si te metes al Wikipedia de Salvador Allende, es algo muy bien hecho. Y este simple ejemplo es reflejo de esa carencia de ideas. Es sano que toda esta gente joven entre a contribuir en esa línea. Y a analizar en perspectiva la historia reciente de Chile, que es mucho más compleja de lo que se suele creer.
-¿Por qué cree que esos principios no han agarrado con fuerza en la derecha?
-La carga del golpe y de Allende es tan fuerte, que va a tener que venir una generación de los que nacieron después del 73. Quizá ese salto simbólico les permitirá ver a Chile con mayor distancia y perspectiva. Porque si tú lo miras tanto de izquierda como de derecha, esa polarización sigue de alguna manera siendo una sombra intelectual. Es importante que esta nueva generación no traiga la carga ni del golpe y Pinochet, o de Allende y el sueño del hombre nuevo. Yo escucho hablar a Jaime Bellolio y me parece un discurso moderno y mucho más abierto y liberal de lo que era la UDI hace algunos años.
-¿Hay quienes culpan a Sebastián Piñera de no haber acentuado estas ideas durante su gobierno?
-Es posible que en un comienzo haya tenido el sueño de haber sido una suerte de Aylwin y que en algunas de sus políticas trató de moverse más hacia la Concertación. Pero, al margen de un legado político que es complejo, la verdad es que fue un buen gobierno en términos de crecimiento y reformas. Se avanzó en muchos ámbitos. Ahora bien, cómo explicas que el acuerdo de vida en pareja, que es algo que se hizo durante el gobierno de Piñera, lo capitalice el gobierno de Bachelet. Eso no lo entiendo. Por cuestiones valóricas, la derecha se queda mucho más atrás de lo que la sociedad quiere.
-¿Es partidario del aborto con sus tres causales?
-Por supuesto.
-Hay quienes creen que Piñera fue muy simplista y que imperó una lógica empresarial para administrar el país. En un eventual próximo gobierno, ¿podría Piñera llenar ese vacío?
-Faltó relato en su gobierno, pero Piñera se adapta rápidamente, es muy inteligente –quizá demasiado– y obviamente que va a hacer las cosas de manera distinta.
-¿Cree que es el candidato que tiene más posibilidades dentro de la derecha?
-Hoy, es la única cara que parece tener más posibilidades. Y el otro es Lagos, que ya veremos. Sería un clásico, como dijo Piñera.
“Creo que Burgos cometió un error al no renunciar cuando la presidenta no le informó de su viaje a La Araucanía”.
-¿Le gustaría ese clásico?
-Sería notable.
-El liderazgo de Lagos, ¿sigue siendo poderoso a su juicio?
-En la izquierda refundacional no. Además, a él le va a costar mucho más entrar en los jóvenes.
-¿Le ve alguna posibilidad a Andrés Velasco hoy?
-Andrés Velasco, al igual que los dueños de Penta, fue víctima de la politización judicial. No olvidemos que entraron a su casa y algunos medios lo sabían. No estábamos acostumbrados en Chile a eso. Creo que Velasco ha sido un gran aporte en términos de traer racionalidad al debate en políticas públicas. Pero hoy no le veo ninguna chance. •••
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