2015/11/27

Bienvenidos a la “Macri Economía”

La agenda de transformaciones del presidente electo de Argentina trae consigo cambios que, por dolorosos, serán difíciles de aprobar. Desde terminar con los subsidios, hasta abrir las importaciones, el mundo está pendiente de cuál será la fórmula de Mauricio Macri para que el país trasandino vuelva a ser un jugador en los mercados financieros internacionales.
Por Jorge Poblete, @jpobletecapital en Twitter, desde Buenos Aires
macri
La elección del barrio de La Boca no fue casual. Fue justo ahí, en las calles que albergan al equipo Boca Juniors, donde el mandatario electo de Argentina decidió hacer sus primeros anuncios. El sitio escogido estaba cargado de simbolismos: no sólo porque Mauricio Macri presidió el popular club de fútbol (entre 1995 y 2007), sino también porque allí se ubica la Usina del Arte, un palacio de 7.500 metros cuadrados con reminiscencias florentinas, que fue construido en la segunda década del siglo XX y que por esas cosas tan propias de nuestra región, hace unas décadas quedó abandonado. Un olvido del que comenzó a salir lentamente y a trastabillones, hasta que el propio Macri asumió la tarea de recuperarlo como un desafío personal en 2011. Su cruzada fue emblemática y estuvo plagada de críticas, por los más de cinco millones de dólares que se invirtió en su remodelación. Sin embargo, hoy es un punto de encuentro altamente valorado por el mundo del arte.
Macri eligió ese lugar para adelantar sus planes, porque de alguna manera sintetiza la Argentina de hoy: un sitio abandonado y que luego de mucho esfuerzo, de reformas profundas e inversión puede convertirse en un referente.
Ahí, y en una escala distinta, el lunes 23 de noviembre, Macri dio a entender de qué se trata la tarea que pretende sacar adelante. Esa mañana aportó luces de las que serán sus primeras medidas para abrir la economía y dar gobernabilidad al país, pese a no contar con mayoría parlamentaria y a haber ganado con sólo unos tres puntos de ventaja en la segunda vuelta.
La tarea que tiene por delante este ingeniero de 56 años (ver recuadro) es colosal, coinciden todos los analistas. “Argentina arrastra varios problemas: el narcotráfico, la delincuencia, entre otros. Pero lo que realmente preocupa a la gente es qué va a pasar con la economía y cuánto le van a pegar los ajustes en su presupuesto familiar”, dice Andrés Borenstein, economista jefe para Argentina de BTG Pactual.
El vínculo con Chile es algo que ya se había abordado durante la campaña. En agosto, Macri se reunió con el embajador José Antonio Viera-Gallo, quien también ha tenido conversaciones protocolares con el economista Alfonso Prat-Gay, su nuevo ministro de Hacienda.
Eso Macri lo sabe bien: “El gran problema de Argentina es que hace cuatro años que no crece, que no se genera empleo y hay que ponerla en marcha. Yo espero que la alegría, el entusiasmo, la energía que hay, nos ayude, y para eso necesitamos corregir las cosas que se venían haciendo mal: el cepo es un error, el no tener acceso a estadísticas, no contar con un Banco Central independiente, son todas cosas que vamos a corregir y crear un espacio para aquéllos que pueden y quieren invertir en la Argentina, empezando por nosotros”, dijo el empresario que venció al kirchnerismo esa mañana del 23 de noviembre.

Los primeros tres meses

Es lunes, y tras hacer sus declaraciones, Mauricio Macri sale del salón principal de la Usina del Arte y camina hasta un patio lateral del palacio. Allí, lejos de los micrófonos, habla largamente con alguien de su entorno. No es su jefe de gabinete, Marcos Peña, ni la gobernadora bonaerense electa, María Eugenia Vidal, dos de sus más cercanos colaboradores. Se trata de un personaje menos conocido fuera de Argentina: la diputada Patricia Bullrich, cuyo nombre circuló para ocupar la presidencia del bloque macrista.
Con una exigua mayoría frente a Daniel Scioli en el balotaje y con minoría en el Congreso (88 diputados de Cambiemos contra 113 del kirchnerismo y sus aliados, además de 15 senadores versus 42 del Frente para la Victoria), la verdadera batalla de Macri estará en buscar apoyos y generar alianzas estratégicas.
No puede ser de otra forma si es que quiere en sus primeros 100 días de gobierno, como prometió, recuperar la confianza de los mercados, terminar el cepo cambiario y bajar la inflación, además de dar independencia al equivalente argentino del INE y avanzar en el mismo sentido en el Banco Central –presidido por Alejandro Vanoli, nombrado por la presidenta Cristina–, de modo de crear el ambiente propicio para sepultar una figura que ya se ha convertido en parte del folclor: el dólar blue.
Una alternativa –aseguran en su entorno– podría ser buscar acuerdos con el peronismo, que volvería a adquirir mayor autonomía tras el fin de doce años de la era K. Gran parte de sus propuestas requiere de cambios legislativos, pero no cuenta con los apoyos parlamentarios necesarios. “Entre los desafíos políticos está gobernar sin un Congreso. En ninguna de las dos cámaras tiene mayoría. O sea, tiene que negociar absolutamente todo”, dice Borenstein, quien añade que otro de los temas sensibles políticamente será el de encontrar una resolución al tema de los bonos, entre ellos los que están en manos de los fondos buitre, condición necesaria para que Argentina vuelva al mapa financiero internacional y sacarla del default que le impide acceder a préstamos frescos.
Por estos días, ha circulado el interés de Macri de pedir un crédito puente a los bancos. Una versión que días antes de la elección había dejado entrever el diario La Nación al señalar que bancos extranjeros, liderados por JP Morgan, intentarían reflotar las negociaciones con los holdouts, los bonistas que no entraron a los canjes de deuda de Argentina de 2005 y 2010 y que tienen una sentencia favorable en la Justicia de Nueva York.
Terminar con los subsidios entregados durante más de una década de kirchnerismo es otro de los desafíos de mayor calado, sobre todo porque implicarían subir las cuentas que pagan las familias, lo que obviamente nunca es bien recibido por la población. Un tema que en el macrismo tienen claro y que explica por qué en el nuevo oficialismo ya están alertando que se vienen tiempos difíciles. “El desafío de estas semanas es romper la inercia de una dinámica de 12 años, donde estamos acostumbrados a la división, a la pelea. Tenemos que lograr un cambio en ese sentido”, recalcó Marcos Peña, uno de los más cercanos colaboradores del presidente electo.

Código internacional

“Basta de resentimientos, empieza otra etapa en la Argentina”, gritó Macri, y sus seguidores empezaron a corear de vuelta: “Se siente, se siente, Mauricio presidente”. La escena, que parece sacada del pasado domingo 22, en realidad pasó en junio de 2009, tras las parlamentarias de ese país. Hubo discursos, baile y dos visitas desde el otro lado de la cordillera: el entonces presidente del Senado, Jovino Novoa, y el diputado Felipe Salaberry. Más allá de la afinidad política con las visitas, el gesto reflejaba la preocupación que la variable internacional tiene en la agenda de Macri.
En eso el mandatario electo ha sido elocuente, subrayando por de pronto que el Mercosur debe avanzar en convenios con la Unión Europea y que deben robustecerse los lazos de su país con la Alianza del Pacífico.
“La principal urgencia de Macri es que Argentina se quedó sin dólares”, dice Martín Redrado, ex presidente del Banco Central de Argentina.
En esos códigos, hay dos vínculos que al próximo presidente le interesa fortalecer: con Brasil –como su principal socio comercial en la región– y Chile. Respecto de este último se declaró admirador de sus progresos y se mostró partidario de “unificar la matriz energética”, tras la crisis de 2004 en que la administración de Néstor Kirchner restringió los envíos energéticos, provocando que en mayo de ese año, un 47% de la demanda chilena de electricidad no pudiera ser cubierta. Una idea que podría pasar por potenciar el memorándum de entendimiento firmado el año pasado, y a propósito del cual AES Gener solicitó exportar energía al país trasandino por 10 años, a través de la línea de transmisión Andes-Salta, sin afectar el suministro interno.
El vínculo con Chile es algo que ya se había abordado durante la campaña. En agosto, Macri se reunió con el embajador José Antonio Viera-Gallo, quien también ha tenido conversaciones protocolares con el economista Alfonso Prat-Gay, su nuevo ministro de Hacienda. La inversión chilena en infraestructura durante las últimas décadas y el proceso para ingresar a la OCDE son dos de las experiencias que mayor interés provocaron en los argentinos, comentan cercanos a los encuentros. La última, por cierto, casi como una ilusión de la que hoy se sienten muy lejanos.
Es la llamada “integración regional absoluta” que ha prometido Macri, una meta adicional de quien será el primer presidente que no pertenece ni al peronismo ni al radicalismo desde el retorno a la democracia.

Factor “M”

“Ojalá sea un Piñera de Argentina”, dice el ex ministro de Economía de Fernando de la Rúa, Ricardo López Murphy, sobre el líder del PRO: “Hay, sin duda, zonas difíciles de resolver. Hay que cerrar una brecha fiscal muy grande, hay que solucionar el problema de la, prácticamente, desaparición de las reservas y los juicios contenciosos que tenemos en distintos países. Todo esos temas son muy complicados y de tratamiento difícil en el Congreso”, advierte.
Para López Murphy, el anuncio energético de Macri es positivo: “Argentina tiene enormes recursos energéticos que no ha podido aprovechar, porque tenía, por sus propias políticas domésticas, bloqueado los ingresos de capitales e inversiones. Si ingresan capitales e inversiones, y logramos utilizar las reservas y los recursos que tenemos, va a haber un excedente energético, y la mejor forma de utilizarlo es cooperar con nuestros vecinos e integrarnos”.
Por su parte, el economista y ex presidente del Banco Central argentino, Martín Redrado, pone muy arriba en la escala de preocupaciones el aspecto financiero. Para él, “la principal urgencia que va a tener Macri es que Argentina se quedó sin dólares. Se gastaron todo lo que dejé en el Banco Central, los 50 mil millones de dólares. Si logra generar una buena expectativa nacional e internacional, podrá conseguir los dólares suficientes para hacer que el aterrizaje que tiene la economía por delante sea un aterrizaje suave”. Redrado cree que para reparar la confianza se requiere una terapia de shock a partir del 10 de diciembre (día en que asume como mandatario). En esa perspectiva, una de las primeras acciones debería ser remecer el Banco Central a través de un proyecto de ley que “tomando modelos como el del Banco Central chileno, reduzca sus 10 directores” y avance en autonomía.
Con una exigua mayoría frente a Daniel Scioli en el balotaje y con minoría en el Congreso, la verdadera batalla de Macri estará en buscar apoyos y generar alianzas estratégicas.
Otros analistas ven su llegada a la Casa Rosada con un cauteloso optimismo; en especial, para las compañías con inversiones en el país trasandino. Sin ir más lejos, son numerosos los desencuentros ocurridos con empresas chilenas durante el kirchnerismo, que incluyen dificultades de LAN para operar en los aeropuertos y congelamientos de precios que afectaron a Cencosud en 2013. A esto se añade que aún falta que el Congreso despache el proyecto de fin de doble tributación.
Nicolás Schild, responsable de Equity Research de Santander GCB, dice que “la confianza cuesta recuperarla, pero todos creemos que el cambio en Argentina es positivo, ya que hay mucho espacio para seguir creciendo. Los fondos de inversión grandes no están en ese país y podrían entrar”.
“Donde están las mejores oportunidades es en el sector eléctrico”, recalca. “Endesa tiene el 25% de su capacidad instalada en Argentina. En el caso de AES Gener, es del 16%. En general, a las empresas se les hace una evaluación en que se le atribuyen un valor de casi cero a estas operaciones, dado que las tarifas están congeladas y dependen de subsidios esporádicos, por lo que no dan retorno. Si se da un modelo un poco mejor, más parecido al que tiene Chile, podría significar un crecimiento”.
Para Marcelo Catalán, jefe de Equity Research de BCI Corredores de Bolsa, “el escenario macroeconómico más favorable ya ha sido internalizado por las compañías que tienen operaciones en Argentina. Vemos que entre las compañías más sensibles a las nuevas reformas y al efecto del tipo cambio se encuentran Cencosud, Latam, Andina y Falabella, mientras que entre aquéllas que se verán afectadas en menor medida están AES Gener, Endesa, Concha y Toro y CMPC”.
Otra mirada es la que tiene Carlos García, gerente de riesgo de Humphreys, quien sostiene que “las empresas chilenas que están allá tienen una perspectiva de largo plazo, no están desesperadas por salir y, a lo mejor, un cambio suave ordena y otorga mayor eficiencia en el aparato productivo y mejora el clima”.
Desde su oficina de la Fundación Capital en el barrio de Belgrano, Martín Redrado cuenta una anécdota que, a su juicio, resume lo que viene. Un día, cuando la crisis hipotecaria de EE.UU. comenzaba a quedar atrás, el presidente Néstor Kirchner lo llamó a su oficina y, abriendo los brazos, lo sorprendió: “Se viene una gran etapa para la Argentina”. Redrado lo miró y lo invitó a la prudencia, pero Kirchner le contestó: “Martín, un buen día a día, hace un buen largo plazo”.
Con esa escena en la retina, Redrado, quien fue asesor económico del ex candidato desligado del kirchnerismo Sergio Massa, dice hoy que “a la Argentina le falta una visión estratégica”. Sin perder la fe, se anota entre quienes cree que esa realidad puede empezar a cambiar, “en la medida en que nos volvamos un país más normal, más predecible”. •••
Revise los desafíos de la "Macrieconomía"
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¿El Piñera de Argentina?
La noche de los festejos, y antes de que Mauricio Macri terminara su discurso gritando “¡Vamos Argentina!” y empezaran a llover globos albicelestes sobre la cancha del centro Costa Salguero al son de la pachanga, el hoy presidente electo apuntó hacia una esquina del escenario y dijo: “Quiero homenajear y agradecer a alguien que me cuida desde los cinco años, a Anita”. Luego se acercó y la abrazó.
El gesto hacia Anita Moschini, la secretaria que heredó de su padre, el empresario constructor Franco Macri, fue reflejo de una de las continuidades en su vida: el estrecho, y muchas veces difícil vínculo con su papá.
Norberto Galasso y Gabriela Cerruti, dos de los biógrafos del presidente electo, relatan en sus respectivos libros que, desde muy temprana edad, el primogénito del inmigrante italiano y de Alicia Blanco, hija de terratenientes de Tandil, tuvo claras las altas expectativas que había sobre él. Mauricio Macri nació en esta última localidad un 8 de febrero de 1959 y cuentan que a los cuatro o cinco años, en vez de dejarlo ir a jugar, Franco Macri lo metía en conversaciones de adultos, donde sólo se hablaba Italiano, idioma que Mauricio no dominaba, diciéndole una y otra vez: “Tenés que aprender… vos vas a ser presidente de la Fiat”. La idea no era tan descabellada: Franco Macri asumiría años más tarde el control de FIAT-SEVEL.
Lo matriculó en el colegio Cardenal Newman, donde jugó rugby y aprendió golf, pero nunca habría terminado de encajar. A él lo entusiasmaba otro deporte: el fútbol y más todavía el fútbol de Boca Juniors, que practicaba sin gran talento, jugando muchas veces porque él proporcionaba la pelota y porque la cancha había sido construida por Franco Macri, en la quinta Los Abrojos. Fue precisamente a este lugar, que suele visitar los fines de semana, donde volvió el domingo 22, tras sufragar en un colegio del barrio de Palermo, antes de que se cerraran las mesas de votación. Allí, como en su niñez, jugó un partido con sus amigos y marcó un gol de tiro libre.
“Un nene de papá”, ha dicho de él Diego Maradona, calificativo con el que Macri tuvo que lidiar también durante la elección, cuando Daniel Scioli lo acusó de “creído de Barrio Parque”.
En estricto rigor, Franco Macri es la figura que lo incentivó a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad Católica Argentina y a aproximarse a los negocios familiares a los 14 años. Fue también el padre quien, cuando planeaba hacer un posgrado en Estados Unidos –finalmente cursó estudios en la Universidad de Columbia–, lo habría motivado a tomar parte de un fracasado negocio inmobiliario en Manhattan, que terminaron vendiendo a Donald Trump, por 17 millones de dólares. Mauricio Macri conservaría este vínculo y sería puente del empresario estadounidense en Argentina, cuando éste compró el Casino de Misiones.
Su educación político-económica, sin embargo, fue por otro cauce. Fue su tío materno, Jorge Blanco –ex presidente de la Unión Industrial Argentina– quien convenció al joven estudiante de ingeniería de tomar clases en el Instituto Social de Mercado de la Unión de Centro Democrático (UCD), donde compartió con Sergio Massa y estudió las políticas de Margaret Thatcher en el Reino Unido, además de los modelos aplicados en el siglo XX en Estados Unidos. Ésa fue su primera militancia. Luego volvió a los negocios.
Tras fundar en 1983 una proveedora de sistemas de climatización y trabajar al año siguiente en Citibank, asumió como vicepresidente del holding que dirigía el grupo familiar, que cuenta con negocios en el área de construcción, telefonía y automóviles.
El siguiente capítulo fue dramático: su secuestro, el 24 de agosto de 1991, por una banda integrada por policías. Su familia pagó seis millones de dólares para que lo liberaran el 6 de septiembre. La fotografía de prensa de un Mauricio alto y con bigote, y de un Franco Macri más bajo que su hijo y sonriendo directo a la cámara, es uno de los íconos de ese episodio.
En 1995 cumplió su sueño de infancia de encabezar Boca Juniors, cargo en el que fue reelegido y desde el cual vio que la política era un paso posible. Su primer intento en este terreno resultó mal: una fallida campaña como jefe de Gobierno de Buenos Aires en 2003, con la coalición Compromiso para el Cambio. Dos años más tarde regresaría al ruedo, esta vez como líder de la Alianza Propuesta Republicana (PRO), siendo elegido diputado por la ciudad. Otros dos años pasarían antes de que en 2007 asumiera como jefe de Gobierno de Buenos Aires y pudiera mirar, cada vez desde más cerca, hacia la Casa Rosada.
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