2015/11/25

¿Argentina, ante el final del kirchnerismo?

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. La derrota de Daniel Scioli ha sido también la derrota del kirchnerismo y de su líder indiscutida, Cristina Kirchner. Sin embargo, la presidenta va a conservar amplias cuotas de poder en las provincias, en el legislativo y en el partido, aunque no retendrá la principal herramienta en la que se ha sostenido su hegemonía: el poder político y económico que emana de la Casa Rosada.

El control del kirchnerismo, de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, entre 2003 y 2015 ha sido incontestable. Néstor no dejó de acumular poder y acabó desprendiéndose de su padrino (Eduardo Duhalde). En 2007 y 2011 la actual presidenta ganó en primera vuelta y aventajó en  22 puntos a Elisa Carrió y en 38 a Hermes Binner.
Ese tiempo ahora toca a su fin: todo apunta a que Cristina Kirchner, en el futuro más cercano, va a seguir siendo un peso pesado de la política argentina. A medio y largo plazo, sin embargo, su poder se va a ir diluyendo considerablemente hasta quizá acabar desapareciendo.

Una influencia progresivamente decreciente
En los próximos meses, Cristina Kirchner va a tratar de utilizar los resortes del poder que aún conservan. Después de todo cuenta con una mayoría absoluta kirchnerista en el Senado y con la primera mayoría en la Cámara de Diputados. Por no hablar del poder institucional que responde todavía a sus órdenes: por ejemplo, el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli o los gobernadores.

Todas ellas son palancas que en las manos de Cristina Kirchner van a condicionar a la próxima administración macrista.
BUENOS AIRES (ARGENTINA), 29/10/2015.- EFE/David Fernández
Cristina Kirchner
Su idea es quedar como defensora del modelo actual frente a los planes (supuestamente “neoliberales”) de Mauricio Macri y esperar al derrumbe de la experiencia macrista (como la deFernando de la Rúa en 2001).
Y de ese colapso trataría de emerger ella como salvadora en 2019 para regresar a la Casa Rosada.

Sin embargo, contra la posibilidad de que Cristina Kirchner siga siendo un actor clave en la gobernabilidad hasta 2019, está la historia.
Argentina es un cementerio de hegemonías (el menemismo, como factor de poder, desapareció cuando Carlos Menem dejó la presidencia en 1999 y no compitió en el balotaje en 2003) y, salvo Juan Domingo Perón, nadie ha logrado conservar el liderazgo al abandonar el poder y quedarse en el llano.
El profesor de la Universidad de Lisboa, Andrés Malamud, recuerda en El Estadista que “el ciclo biológico del liderazgo es una descripción correcta, pero de otro partido. En el radicalismo no hay metáfora que valga: ningún líder pierde el poder en vida. En cambio, Isabelita, Saadi, Cafiero, Menem y Duhalde lo vieron escurrirse entre sus vivísimas manos. Pretender que Cristina lo conserve desde El Calafate sin contar con presupuesto estatal, Cadena Nacional, gobernadores ni ministros refleja una capacidad psicodélica para eternizar el presente”.

Los nuevos barones
Además, el pase de facturas por la derrota y la sublevación de los barones y gobernadores peronistas va a empezar a la vuelta de la esquina. Sin la caja, la fidelidad de los gobernadores se desvanece. De hecho, dos de ellos lideran los primeros síntomas de revuelta.

Los candidatos a destronar a Cristina Kirchner son muchos pero destacan el Gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Ambos aspiran a reunificar el peronismo en torno a sus liderazgos desplazando al kirchnerismo. Para ello apelan a los valores y formas más ancladas en el tradicional justicialismo.

“Sí. Claramente”, respondió Urtubey al ser consultado sobre el portal Qué Pasa Salta sobre si tiene el deseo de conducir el PJ nacional. Luego aclaró que la “tradición” en el peronismo “es que quien gobierna, conduce”. Pero tras la derrota de Scioli, ahora nadie es presidente de la nación.
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De la Sota y Massa aspiran a controlar el fututo del peronismo
Por su parte, De la Sota busca construir una imagen de verdadero estadista para realzar su figura: “Le vamos a dar gobernabilidad a Macri, vamos a aprobar lo que esté en lo que fueron sus compromisos de campaña. Vamos a votar por la eliminación de las retenciones, por el fin de la politización de la Justicia y por todo lo que sea bueno para los jubilados. Pero, no le vamos a votar todo a libro cerrado”,
A la vez desea destruir la herencia kirchnerista lo que se trasluce con palabras como estas: “No perdió el peronismo, sino que perdieron los usurpadores, los que se apoderaron del peronismo“.
Ellos presagian una intensa lucha por el poder dentro del peronismo de la que difícilmente salga viva políticamente Cristina Kirchner.

Como reflexiona en Clarín el analista Osvaldo Pepe: “¿Y el peronismo? Nunca pierde del todo: desde hace 70 años su arte mayor es reciclarse y regenerarse. Fugar hacia el futuro en nombre del pasado de viejas glorias. Y echar lastre en el camino de la supervivencia. Ese destino inexorable es probable que le aguarde a la Presidenta saliente”

“El peronismo supo preservar, sin embargo, a los herederos que asoman y pueden liderar el peregrinaje en el desierto. Lo demostró en la primera vuelta con más de 5 millones de votos no kirchneristas que cosechó la rebeldía que sintetizaron Massa y De la Sota. Allí están los abanderados de la nueva generación: Massa, Urtubey, el propio Randazzo, algunos jóvenes alcaldes del GBA que ya vienen haciendo o prometen gestión y transparencia. Ellos van a pisar fuerte en la arquitectura del peronismo que viene, sobre todo Massa, que anoche volvió a mostrar la rapidez de sus reflejos políticos: felicitó a Macri antes que el propio Scioli y puso a disposición sus equipos para sumarlos a la nueva etapa política. Un guiño a un histórico como De la Sota, que jamás pisó comarcas kirchneristas, cuya provincia -Córdoba- arrasó ayer en las urnas”, concluye Pepe.

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