Colombia y el gigante asiático acordarán hoy la creación de un grupo para estudiar la posibilidad de un tratado. Conclusiones, en un año.
El anuncio del presidente Juan Manuel Santos, ayer a su llegada a
Pekín, de estudiar en conjunto con China la posibilidad de negociar un
tratado de libre comercio (TLC) con ese país dividió las opiniones del
sector privado.
Mientras la industria mira con recelo esa posibilidad, el agro la ve con optimismo.
Ayer, el presidente Santos y cinco de sus ministros arribaron a la
capital china, en el marco de una visita de Estado, y, de inmediato, el
mandatario se manifestó dispuesto a iniciar la primera etapa que lleve a
la firma de un TLC con el gigante asiático.
“Nos han dado –dijo Santos– señales positivas. Posiblemente iniciemos
las conversaciones para la negociación de un tratado de libre comercio, y
eso para nosotros es muy, muy importante”.
También de inmediato, el presidente de la Asociación Nacional de
Empresarios (Andi), Luis Carlos Villegas, quien llegó con el presidente,
expresó que no ve con buenos ojos esa iniciativa.
El gobierno colombiano cree que un TLC con China sería una
“oportunidad” para venderle a este país excedentes agrícolas y
pecuarios.
Pero Villegas dijo que “no es conveniente” hablar en estos momentos de
un acuerdo de ese tipo con la segunda economía del mundo por el manejo
que este país tiene del dólar.
Por su parte, el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia
(SAC), Rafael Mejía, envió ayer una carta al ministro de Comercio,
Sergio Díaz-Granados, pidiendo incluir al gremio en la comisión que
estudiará la viabilidad del acuerdo comercial con China, mientras su
homólogo de Acolfa (organización de los fabricantes de autopartes),
Camilo Llinás, pedía hacer “un pare con los TLC” y ver si vale la pena
continuarlos.
Hoy, en Pekín, los ministros de Comercio de Colombia y de China
acordarán la creación de un grupo de estudio público-privado para
avanzar en los alcances, el análisis y la identificación de las
sensibilidades de un TLC bilateral, trabajo que debe concluir en junio
del año entrante.
Para Mejía, China está mejorando su nivel de vida rápidamente y está
comprando alimentos, como proteína animal, con lo cual se abren todas
las perspectivas para el sector agropecuario.
“Además, está la inversión en infraestructura, sobre todo en zonas en
que no somos competitivos, como ferrocarriles, carreteras y
navegabilidad”.
Según el directivo, es lógico que China también exporte. Para quienes
se vean afectados, hay que mirar “cómo defenderlos, y esta defensa puede
ser desde cambios radicales de actividad hasta cambios con intensidad
de productividad, etc.”, señaló.
Camilo Llinás, por su parte, dice no estar animado con ningún acuerdo
con China, fuera de los de cooperación, doble tributación e inversiones.
Incluso, acuerdos como con el Mercosur o México solo han servido para
que “nos vendan más y no para exportar hacia allá”. Con China, advirtió
Llinás, “la negociación sería desequilibrada, y no se debe negociar nada
de la industria”.
PRIMER ENVIÓN PARA QUE NOS COMPREN CARNE
En medio de las reacciones dispares entre los empresarios, el proceso
va a comenzar, según advirtió el presidente Juan Manuel Santos. Se
iniciará con la realización de un estudio para examinar las
sensibilidades de sus mercados, el cual puede tardar más o menos un año,
para proceder luego a emprender el itinerario a que haya lugar.
Más específicamente, como lo explica el ministro de Comercio, Sergio
Díaz-Granados, se conformará un grupo de estudio público-privado que
permita avanzar en los alcances, el análisis y la identificación de las
sensibilidades de un TLC bilateral, trabajo que debe concluir en junio
del año entrante.
Este mecanismo es similar al proceso iniciado con Japón hace cerca de
ocho meses, y que llevaría a que el mes entrante se anuncie el comienzo
de negociaciones.
En el caso de China, se aprovechará la presente visita para firmar un
memorando de intención que establece el compromiso de dar este primer
paso.
Antes de que se firme un tratado, lo que puede tomar años, Colombia le
va a pedir a China que abra sus puertas al mercado de carne bovina y,
posiblemente, de lácteos.
Según Santos, “en el caso colombiano lo que queremos es atraer la inversión china y que nos abran los mercados.
Eso se va a traducir en más empleo para los colombianos.
Estamos muy esperanzados porque las señales que hemos recibido son muy
buenas. China quiere encontrar fuentes de crecimiento y ha identificado a
Colombia como una de ellas”.
Agregó que “vamos a iniciar un proceso para que las autoridades nos
permitan la importación de carne. Si logramos eso, tendremos asegurado
el mercado de la carne para todos los ganaderos colombianos”.
El ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, explicó que con China
se podría iniciar una “segunda generación de TLC, es decir, en la que
Colombia tendría especiales ventajas para la exportación de alimentos”,
pues China es hoy un importador neto de estos productos.
Dijo que, a diferencia del TLC con Estados Unidos, un país exportador
de alimentos, China es básicamente un comprador de muchos renglones en
los que Colombia es competitiva.
YUAN, BARATO ARTIFICIALMENTE
Para Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi, no es conveniente un
TLC con China porque Colombia básicamente ofrece energía y materias
primas y China, agroindustria y manufacturas, canastas muy distintas que
hay que equilibrar.
Así mismo, la moneda china –el yuan– es artificialmente barata,
mientras países como Colombia absorben las crisis del euro y el dólar.
¿ACUERDO COMERCIAL? SÍ, PERO NO
Jorge Humberto Botero Exministro, socio de Araújo-Ibarra
Parecería obvio que nos interesa un TLC con China, que a la vuelta de pocos años será la primera economía mundial.
Es ya el tercer destino de las exportaciones colombianas y nuestro segundo proveedor, luego de Estados Unidos.
China es un gran comprador de alimentos, especialmente de proteína
animal; si se convierte en un comprador confiable y de largo plazo, el
impacto positivo en la ganadería nacional sería de magnitudes
insospechadas. Para que ello sea factible, hay que comenzar con los
protocolos sanitarios y la celebración de los contratos que nos den las
seguridades requeridas.
Garantizada la demanda, habría que acometer una transformación profunda de un sector cuya productividad es baja.
Nos interesa que empresas chinas realicen en nuestro país procesos de
agregación de valor a bienes manufacturados que podrían ingresar a los
Estados Unidos libres de arancel si cumplen las reglas de origen
previstas en el tratado Estados Unidos –Colombia. Para estos propósitos,
el capital y la tecnología chinos son de singular valor.
Pero hay asuntos que requieren especial cautela.
China no es una economía de mercado: no es posible vender a quien uno
quiera, en las cantidades, calidades y precios libremente estipulados.
La regulación no es transparente y la seguridad jurídica es en extremo
precaria.
China maneja el tipo de cambio con amplia discrecionalidad para
estimular sus exportaciones y crear barreras de acceso a su mercado
interno; el crédito bancario para las empresas nacionales es ampliamente
subsidiado.
Los Estados Unidos no han logrado hasta ahora que estas distorsiones, que pueden ser ruinosas, se corrijan.
Por último, China es una gran amenaza para la oferta industrial
colombiana como consecuencia de su estructura salarial y de unas
políticas laborales que aquí serían inadmisibles.
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